En cascada. La presidenta Sheinbaum se ve como atrapada en una doble trampa heredada de su antecesor. Si insiste en proteger en la impunidad, o sea sin penalizar, a los políticos de su régimen bajo proceso en Estados Unidos por su asociación con los cárteles, enlistados allá en crímenes de terrorismo, las penas evitadas a los presuntos narcopolíticos recaerán en cascada sobre el régimen, el país y los mexicanos. Pero si cede en extraditar a sus compañeros de grupo en el poder, caerán en cascada hasta algunos de los más altos personajes del régimen bajo la divisa amenazante del gobernador sinaloense: si caigo yo, caen todos.
Bancarrota. Son escenarios de bancarrota, siguiendo un valioso hallazgo del especialista Ernesto López Portillo. De un tiempo acá -propone- el régimen ha considerado la connivencia con las organizaciones criminales como un “activo” en sus inventarios de poder, dinero y control. Y la pregunta es si se trata de un ‘activo’ a la baja, ante la explícita decisión de Washington de reducir a la nada ese ‘activo’ de al menos una parte del grupo mexicano en el poder.
Facturas. Lo que no incluyen ni la optimista información oficial, ni los aplausos, en torno a los logros del combate al crimen, es que se disparó -por sus altos rendimientos- el valor de los ‘activos’ de la asociación del poder político y el criminal, gracias al generoso ensanchamiento de los márgenes de impunidad resultantes de los ‘abrazos’ de López Obrador. Que ello generó grandes incentivos para ese esquema de negocios. Y que el actual gobierno permanece en la doble trampa: una factura -impagable para el país- por no reducir a la nada los ‘activos’ de esa connivencia, o los altos costos -para el régimen- de acabar con ese esquema político criminal. ¿Protegerá al país o al régimen?
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