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Credibilidad cero en la deshonra contra Ruffo

La idea de la maquinación. La credibilidad nació muerta. Dentro y fuera del estado de Baja California, y dentro y fuera del país. Así fue con la captura -con fines de deshonra compensatoria de los escándalos del régimen- del exgobernador panista Ernesto Ruffo, ahora cercano al nuevo partido Somos México. Por el momento en que se realizó, la maniobra empañó toda presunción de comportamiento punible del político opositor. Y priva, por tanto, la idea de una maquinación por parte de un régimen en control totalitario de los órganos de procuración e impartición de justicia. Por si algo faltara, el régimen llegó al extremo de sustituir al juez que no encontró sustento para la captura, por una jueza dispuesta a hacerlo, de entre las impuestas con acordeones en la farsa de la elección judicial.    

El contraste. La credibilidad prácticamente llegó a cero tras la experiencia inmediata de la vida en México, hoy, bajo un patrón de conducta de un poder absoluto y corrupto que mantiene en la impunidad a los suyos y embiste desde la arbitrariedad a los ajenos al aparato. La idea de la maquinación se refuerza por el contraste. Por un lado, casi tres meses de vehemencia presidencial para proteger y mantener ocultos al gobernador de Sinaloa y sus secuaces, bajo la bandera de la presunción de inocencia, para evitar que aparezcan como cooperantes de la justifica estadounidense, que los acusa de narcoterrorismo. Y, por otro lado, la captura y encierro exprés del exgobernador, ahora en un nuevo partido de oposición. Todo un récord de apremio represivo. El viernes, captura en Ensenada, BC, seguida de su traslado, consignación y prisión ‘preventiva’, el domingo, a más de dos mil kilómetros de distancia de casa, en el penal de alta seguridad Almoloya, en el Estado de México. Pronto comprobaremos para qué.

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