Madrid.- Me resulta verdaderamente penoso escribir sobre la detención y encarcelamiento de Ernesto Ruffo Appel, exgobernador de Baja California. Basta recordar que Ruffo fue el primer gobernador de un partido de oposición (PAN) que derrotó al PRI que gobernaba entonces de manera hegemónica desde hacía 60 años. Fue en 1989.
La captura de Ernesto Ruffo, acusado de delincuencia organizada y huachicol fiscal (contrabando de combustible) se produjo con toda clase de irregularidades jurídicas. Ruffo Appel es accionista minoritario de una empresa que decidió importar gasolinas de Estados Unidos, siendo que él no participa en las decisiones que toman los directivos de dicha empresa, dado que su actuación se ciñe simplemente a la de un accionista sin participación operativa en la misma. A pesar de ello, la Fiscalía General de la República lo citó a declarar, a sabiendas de que la empresa de Ruffo (de la que él es únicamente accionista minoritario) solo se encargó de los trámites aduaneros, no del volumen ilegal que se introdujo al país.
Un juez de carrera negó la orden de detención del bajacaliforniano, por lo que la fiscal Ernestina Godoy (leal absoluta a AMLO) recurrió entonces a una “jueza de acordeón”, es decir, una de las electas en el proceso irregular para la “renovación” del Poder Judicial con jueces “a modo” de los apetitos del gobierno de la 4T. La expedición de la orden de captura fue inmediata, se produjo la detención y su ingreso en prisión en el penal de máxima seguridad del Altiplano, lugar de reclusión de los peores criminales, en una exhibición pública, como si se tratase de un personaje de alta peligrosidad.
Este gobierno que se apropió del INE (para permitir sus trapacerías electorales antidemocráticas), es el mismo que desapareció el Inai (para acabar con el acceso a la información y transparencia). También es el mismo régimen que se adueñó de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (a fin de impedir las querellas en la materia) y el mismísimo que tomó por asalto, en un proceso fraudulento, a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con lo que este gobierno tiránico se hizo del control absoluto de la justicia. Ese gobierno es quien tiene como preso político a Ernesto Ruffo Appel para ocultar los escándalos derivados de la acusación norteamericana que reclama a México la detención con fines de extradición de importantes políticos durante el gobierno de AMLO, de Sheinbaum y de Morena, el partido en el poder, señalados como cómplices y socios de importantes cárteles de drogas que trafican con fentanilo hacia EU.
Claudia Sheinbaum ha hecho gala de su fascinación por presumir el caso de Ruffo Appel. Ha sido un cinismo excepcional, idéntico al que ejerce en la cínica defensa de sus socios del crimen organizado, sin importarle nada el daño que puede producir en la relación bilateral entre México y Estados Unidos. Hoy, Claudia Sheinbaum se parece cada día más a su homólogo nicaragüense, Daniel Ortega, el cual ha anunciado, con bombo y platillo, que ha decidido que ya no habrá elecciones en Nicaragua. Ambos personajes se jactan de sus dictatoriales decisiones como diciéndole al mundo: “¡¡sí y qué!!, en una desfachatez absoluta, clásica de los tiranos que atentan contra la democracia, la justicia y las libertades. Hoy, Ernesto Ruffo es un preso político recluido en una cárcel terrible. Hoy alzamos la voz y lo haremos las veces que sean necesarias, para decir a todo pulmón: ¡¡LIBERTAD PARA ERNESTO RUFFO YA!!
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