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Más allá del derribo de una escultura

Madrid.- La escultura del expresidente Felipe Calderón Hinojosa (en el “Paseo de los Presidentes”, calzada en la otrora Residencia Oficial de Los Pinos) lleva poco más de un año en el suelo, luego de un presunto derrumbamiento causado por la caída de un árbol aledaño.

Más que verlo como una mala intención, un desdén o una falta de respeto a la historia por parte del gobierno, pienso que el hecho es gráficamente descriptivo de la vocación destructora de un régimen porril dedicado de tiempo completo a la denostación, a la destrucción de honores, a la sorna respecto del distinto, a la repetición incansable (y hasta el hartazgo) de sus odios, sus fobias, sus rencores y sus mofas. Es la representación perfecta de un régimen vulgar, cerril, con una nula disposición al diálogo, porque para ellos la democracia no es “tú y yo”, sino “tú o yo”. 

Además de la escultura del expresidente Calderón ¿Qué más cosas han acabado por los suelos gracias al tabasqueño iracundo y a su simpatiquísima sucesora? Pues la lista es larga, pero veamos algunas de ellas. Empecemos por la política exterior. México ha dejado en el subsuelo su relación con el mundo. México no es hoy ningún buen referente. AMLO y Sheinbaum argumentan su alejamiento internacional escudados en la más boba de las frases de los últimos tiempos: “La mejor política exterior es la política interior”. Gracias a ello, México pasó de ser un miembro activo en el mundo a ser una nación prescindible para el mundo. Y ni qué decir de nuestra relación con EU. Está igualmente por los suelos. Cada día la voz presidencial insiste en deteriorar esa relación binacional en defensa de los criminales que rigen en el país. Y para colmo, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ha decidido echar igualmente por la borda el poco respeto e interlocución que tenía con EU para acabar siendo un defensor más de los narcopolíticos mexicanos. Por los suelos…

Por los suelos va, igualmente, la economía nacional. Nuestro galopante incremento de deuda pública es muestra de ello. El gasto irresponsable y las inversiones en absurdas obras faraónicas son la causa. Basta recordar que el tabasqueño argumentó que “no es ninguna ciencia extraer petróleo” y derivado de ello construyó una refinería que hoy produce al 42% de su capacidad; que se presupuestó en 8 mil millones de dólares y se han invertido 23 mil millones de dólares. Repito, la economía por los suelos, igual que la escultura de marras. 

La permanencia en el suelo de la escultura de Calderón también es representativa de otros “derrumbamientos”. Ejemplos de ellos son la embestida de este régimen contra los organismos electorales, las instancias para la transparencia o los órganos electorales. Y ni qué decir del “derrumbamiento” que estos rufianes hicieron con la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para convertirla en un vulgar circo desde donde se instrumenta -día  a día- la impunidad de un gobierno, de sus narcopolíticos y de sus aliados del crimen organizado. Por los suelos…

Es de llamar la atención la inmensa capacidad destructiva que han demostrado los gobiernos de la llamada “cuarta transformación”. Destruir, derribar, erosionar, demoler, aniquilar es su mejor vocación. De ahí que veamos con profunda preocupación esta espiral de deterioro nacional que este gobierno produce en su delirio gubernamental.

Tengo la esperanza de que esta pesadilla de la 4T termine. Los daños serán inmensos. Tomará tiempo reconstruir, reparar. Y tal vez, lo mejor será dejar la escultura de Calderón en el suelo, como símbolo y memoria de la infamia del narcorégimen de Morena que tanto daño causó a una nación que merece el mejor de los destinos.

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