No tiene la culpa el gringo, sino quien lo hizo compadre. A Ken Salazar, el exembajador norteamericano, primero lo dejaron pasar, “como Juan por su casa” a Palacio Nacional, en tiempos de AMLO; y ahora es el nuevo “chivo expiatorio”, y se suma a la lista de pretextos, para no asumir responsabilidades de los narcopactos de Morena.
¿No entienden o le hacen al tío Lolo? Ken Salazar no era empleado de México. Obvio, sencillo y claro: Salazar representaba los intereses y guardó secretos a Estados Unidos. ¿Sorprende? ¿Ingenua diplomacia? ¡No! Confabulación pura y dura.
Se dicen asombrados. Creen que no tienen consecuencias los cinco viajes de AMLO a Badiraguato, cuna de algunos delincuentes y prófugos como el senador Inzunza; ni la fotografía con el cantante de narcocorridos El Komander; ni liberar a Ovidio Guzmán; ni el saludo a la mamá del Chapo; ni el caso del general Cienfuegos, cerrado en Estados Unidos sin sentencia (“without prejudice”) y envidado a México, “por intereses más amplios en mantener esa relación de manera cooperativa” (Arturo Ángel), para que AMLO se burlara de esa acusación y lo condecorara con la presea “Bicentenario del Heroico Colegio Militar”. Y finalmente creen que el FBI obvió el certificado de buena conducta que AMLO extendió a la delincuencia organizada, en las elecciones intermedias de 2021, cuando fanfarroneó y dijo que el crimen “se portó muy bien”. Le llenaron el buche a Biden y Trump, de piedritas y narcopactos.
Ahora resulta que no sabían nada de El Mayo. ¿A quién quieren tomarle el pelo? En Sinaloa, en El Rosario, horas antes de dejar la presidencia López Obrador, junto a Claudia Sheinbaum, además de apoyar con todo a Rocha Moya, exclamó categórico respecto a El Mayo, que no tenía dudas de la operación estadounidense: soltó gritando, es “una decisión que no fue correcta, que se fraguó en el extranjero”, (La Jornada, 28 septiembre 2024). López Obrador y Claudia sabían con exactitud que fue el gobierno de Estados Unidos. Pero ahora la presidenta no quiere usar su autoridad para confrontarse con EU, tampoco con AMLO, ni con los narcos y mucho menos con sus socios de Morena. Es una presidenta atrapada en el lodazal de sus propias complicidades.
Si Rocha Moya e Inzunza son inocentes por qué no regresan a sus cargos, de una vez, con desfachatez. Y por qué dejan morir sólo y no reclaman el regreso de un general mexicano, el general Mérida, que solito se entregó. Porque no meten las manos al fuego, como con el general Cienfuegos.
Ken Salazar es el nuevo García Luna, nuevo culpable porque no informó lo que ya sabían AMLO y Claudia, o en su defecto, lo que soberanamente deberíamos saber, sin salvavidas para nadar. Se ufanan de ser soberanos y le ruegan información a la DEA. Vociferan contra el FBI, pero esperan a que mastique sus pesquisas y vomite en México lo que les plazca. Soberanía no es rogar información a los vecinos, es tener tu propia inteligencia. Lo se: pedimos mucho.
Posdata: En la gira presidencial por Michoacán se escuchó: “Quiroga es un pueblo histórico donde la memoria de Tata Vasco sigue viva. Aquel noble religioso que dedicó su vida a defender a los indígenas, a proteger su dignidad”, dijo la secretaria del Bienestar, Leticia Ramírez. Luego la presidenta Sheinbaum, con su típico y divisor discurso antiespañol (hablado en español), recalcó la diferencia entre las culturas originarias y las europeas, en una comunidad llamada San Jerónimo Purenchécuaro. San Jerónimo por el europeo, doctor de la Iglesia católica y traductor de la Biblia al latín. Y “Purenchécuaro”, porque en purépecha es “lugar de colorines”. Con todo ese mestizaje claro, la presidenta prefirió la “visión de conquistadores”. Nadie dijo que Tata Vasco era español y protegió a los indígenas enseñándoles oficios. No entregándoles dádivas. Vasco de Quiroga creó hospitales, ¿ya hay medicinas alrededor del lago de Pátzcuaro?
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