Entre miopía, prejuicios, cambios de rumbo, improvisación y egos, se fueron por el caño los pocos beneficios colectivos que el negocio de corretear un balón no acapara para los magnates de la FIFA.
Es evidente que el futbol se ha convertido en un poder supranacional y en una fuente de inmensa riqueza. Como la más despiadada de las empresas capitalistas del siglo XIX, explota a sus trabajadores. No hay derechos laborales plenos, tampoco tribunales, y las represalias nos recuerdan las listas negras con las que los patrones amenazaban a sus obreros esclavizados en las factorías inglesas o en las minas de Cananea.
Con los directivos actuales, la FIFA se ha esmerado en maximizar los rendimientos económicos. El cansancio de los jugadores se transformó en una conveniente pausa de hidratación que se comercializa; las ciudades se someten a reglas que maximizan las ganancias; ver un partido es un lujo, incluso por televisión. La organización privilegia el lucro sobre todas las cosas, incluidos los derechos humanos; un ejemplo de esto último es el viacrucis que vivió la selección de Irán para poder jugar.
No obstante lo anterior y, como se dice coloquialmente, ya entrados en gastos, se dejó pasar la oportunidad de obtener algunas ventajas para nuestro país. Lo óptimo habría sido que América del Norte se hubiera presentado como la región del futuro; eso no fue posible por diversas razones, entre ellas, el cambio de rumbo en la política económica de Estados Unidos y los errores del gobierno de México en varios temas.
En nuestra cancha se dejó pasar la oportunidad de atraer turismo, generar una mayor actividad económica, mostrar un país moderno, atractivo para la inversión y confiable para ser visitado en el futuro. Un ejemplo lo dio Manuel Jaime Ramírez, director del controvertido Tren Maya, quien dijo: "Los turistas que llegaron a territorio nacional a ver los partidos del Mundial no han visitado aún la península de Yucatán ni los diferentes estados; incluso en lugares como Cancún no se ha tenido la afluencia que se esperaba. En el caso del tren de pasajeros también hemos notado eso; hasta el momento no hemos tenido la cantidad de usuarios que posiblemente se estimaba".
Lo de México es ya un problema estructural, y esto se refleja en muchos ámbitos. El país pierde competitividad, su gobernabilidad está en duda y hay una creciente polarización desatada por el gobierno y el partido oficial. Los prejuicios y la ignorancia de López Obrador nos debilitaron y nos ataron las manos. El escaparate que pudo ser el Mundial quedó arruinado desde varios años antes, cuando se debilitó la Secretaría de Turismo y, apenas Morena tomó el poder, se extinguió el Consejo de Promoción Turística de México.
Es difícil pensar que un país sumido en la violencia y sin promoción en el mundo pudiera convertirse en una opción de visita para públicos europeos o asiáticos. A esto hay que sumar que, durante las primeras semanas de la competencia deportiva, las manifestaciones de grupos inconformes impidieron muchas actividades comerciales y de servicios. La Canaco de la Ciudad de México señaló que los daños provocados por la marcha y los bloqueos del 1 de junio ascendieron a 405 millones de pesos en el Centro Histórico de la capital.
Se esfumó la oportunidad, no solo económica, sino también política; nuestra jefa de Estado dejó pasar la posibilidad de reunirse con sus pares de otros países y fortalecer la posición de México en el mundo. Bueno, ni siquiera acudió a la inauguración por miedo a la rechifla que los políticos suelen padecer en el coloso de Santa Úrsula.
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