...

Información para decidir con libertad

Pero, ¿y si sí?

La ansiedad que no deja estar sentado. El celular como un mal consuelo para distraerse de esa otra pantalla que obliga a que tus ojos regresen a ver lo que pasa. Por inercia, la mano va y viene del plato con churritos de limón a la boca, como si eso fuera a aliviar la tensión.

El corazón que se salta un latido cuando el cabezazo de Raúl Jiménez pasa a un lado del poste. La paz momentánea que da el gol de Julián Quiñones. El nerviosismo por no querer que se confíen con el gol (ahora sí) de Jiménez, el segundo del partido.

La sonrisa que da el vuelo de Raúl El Tala Rangel, al que por fin se le ve más seguro en el marco. El gusto que da ver a Johan Vázquez pedirle al equipo que no se encierren. La euforia del silbatazo final.

Todo eso dio paso a más videos de gente en las calles que quiere volar. A que los carritos que se apropiaron de las banquetas sigan llenos de banderas y playeras de México. Nuevamente la gente demuestra su orgullo de sentirse de estas tierras.

He de confesar que la decepción de no haber pasado de la fase de grupos en Qatar 2022 me hizo separarme por completo del futbol. Hay que correr de esa tristeza que nos lleva a alejarnos de lo que tanta felicidad nos ha dado.

También hay que entender que la desilusión, tanto con tu equipo como con la selección, es pasajera. Quien se mete a nadar en una fuente de emociones se llevará algún trago amargo de vez en cuando, antes de poder sorber nuevamente el néctar de la dicha de sentirte ganador.

Por suerte yo lo comprendí días antes de la inauguración el pasado 11 de junio, y la victoria contra Sudáfrica validó mi decisión.

Contrario a lo que me prometí hace tres años y medio, dejé que la esperanza me inundara. A juzgar por lo que veo en las calles no fui el único. “Yo sé que no… pero, ¿y si sí?”, ocho palabras que resumen lo que vivimos mejor que mil tratados.

Ya el 20 de julio podemos regresar a no estar de acuerdo en nada, a ver cómo las lecciones del pasado se diluyen en el olvido colectivo y a dejar que la ideología ciegue a quien no podrá recordar lo que nos han enseñado estos días.

Regresarán esos dos bandos en los que nos han encajonado y que nos llevan a olvidar lo que realmente importa, que México es más grande que disputas sexenales.

Por eso, por ahora, prefiero disfrutar haberle ganado a Ecuador, que la selección mexicana vaya invicta y que no haya recibido gol en todo el torneo. Quiero seguir viendo a un país que se niega a dormir después de cada partido para no despertar del sueño que vivimos.

Como tantas veces en mi vida, me viene a la mente una canción de Joaquín Sabina, aunque en esta ocasión me veo obligado a parafrasear las estrofas (de por sí ya modificadas por el cantautor cuando las cantaba en Madrid) para explicar los motivos de este sentimiento.

“Cuando la final venga a visitarme, no me toque, déjenme dormir. Aquí en el Mundial quiero quedarme. Pongamos que hablo de futbol”.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp