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Información para decidir con libertad

Que cada uno cumpla con su parte

Si es tu primera vez en este espacio, te cuento: estamos en medio de la construcción de una propuesta para que, desde la sociedad civil, contribuyamos a mejorar el presente de nuestro país.

Hemos concluido una fase de Diagnóstico en la que pusimos los problemas públicos bajo el microscopio y observamos que algunos tienen en su composición una carga importante de comportamientos individuales y grupales de la sociedad. Eso nos llevó a concluir que, al menos en teoría, estos problemas son susceptibles de ser resueltos mediante la acción colaborativa de la ciudadanía y sus gobiernos.

Con base en lo anterior, al entrar a la fase de Organización nos hicimos dos preguntas fundamentales. La primera de ellas es si acaso, ya no en teoría sino en la vida real, la sociedad mexicana es capaz de coordinarse efectivamente para dar solución a un problema público.

La semana pasada propuse que la respuesta es afirmativa, y utilicé como referente un caso concreto: el Teletón y su contribución a resolver la falta de capacidad instalada para atender a niñas y niños con discapacidad.

Aprovecho para aclarar: no estoy proponiendo que hagamos más colectas ni que la sociedad asuma financieramente las tareas del Estado. Lo que propongo es analizar el Teletón como un caso de éxito, ya que responde a la pregunta y demuestra que los mexicanos hemos sido capaces de movilizarnos y cambiar el rumbo de un problema que parecía irresoluble.

Ahora, la segunda pregunta es: si el problema tiene solución pero esta depende de que todos participemos, ¿cómo hacemos que cada uno cumpla con la parte que le corresponde?

La dificultad de este reto se explica en el dilema clásico de la “tragedia de los comunes”, de acuerdo con el cual cuando algo (ya sea un bien o un problema) es de todos, la reacción individual suele ser priorizar el beneficio propio, asumir que la contribución personal es irrelevante o esperar que otros actúen primero. El resultado es que, si todos pensamos igual, el recurso se agota o el problema se vuelve eterno.

De manera que romper esta inercia no depende únicamente de la buena voluntad. Requiere crear condiciones que hagan posible —y racional— que las personas actúen de manera distinta. El ciudadano necesita percibir que su esfuerzo tiene sentido, que no está solo y que forma parte de un movimiento en el que otros también están cumpliendo, al mismo tiempo.

Esa es, precisamente, la pista que ofrece el caso del Teletón. Más allá de su componente recaudatorio, lo que resulta verdaderamente relevante es su capacidad para alinear la atención, la emoción y la acción de millones de personas en torno a un mismo objetivo.

Por eso, a partir de la próxima semana empezaremos a analizar los elementos que explican ese resultado y a explorar cómo aplicarlos en otros contextos, para resolver problemas públicos y comenzar así a construir un presente del que podamos sentirnos orgullosos.

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