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¿Y si no mejora la creatura?

El pasado 30 de abril se dio a conocer el Informe sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública al primer trimestre de 2026. Destaca el muy modesto “crecimiento” de 0.1% de la economía durante el primer trimestre de este año. En términos de ingresos, se reportan caídas, en particular en la recaudación de ISR y de IVA, ambas muy relacionadas con el desempeño económico, de 4.1% y de 3.7%, respectivamente. Por el otro lado, el del egreso, los gastos en los programas clientelares gozan de cabal salud. Las finanzas públicas tienen un mal equilibrio, los ingresos van a la baja y los egresos se mantienen.

Lo anterior sugiere que hay que ajustar los supuestos macroeconómicos sobre los cuales se construyó el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2026. Reconocer que vamos a recaudar menos como consecuencia de un escenario de menor crecimiento económico nos permitiría acomodar esta caída en ingresos en todo el presupuesto y no cargarlo todo a una mayor deuda o a una menor inversión pública. Además, menores ingresos tributarios representan también menos recursos para los estados. Entre más pronto se admita esta nueva realidad, mejor podrán prepararse los estados a un escenario de menores recursos federales.

Sin embargo, en la Secretaría de Hacienda mantienen el optimismo. Consideran que los datos del primer trimestre fueron ocasionados por un bache en enero y febrero, ya superado en marzo. Esperan cumplir con las proyecciones de crecimiento y recaudación establecidas en el paquete económico aprobado para 2026. Confían en que conforme avancen los proyectos de inversión, durante los últimos trimestres del año, la economía recupere un ritmo de crecimiento anualizado cercano a 3%.

Lamentablemente, la Secretaría de Hacienda está sola en su optimismo. El indicador global de confianza empresarial lleva 14 meses mostrando debilidad. Las expectativas de crecimiento de los expertos para 2026 se han ajustado a la baja, la última encuesta de expectativas de Citi indica un promedio de 1.2% para 2026.

Hay demasiadas tormentas en la ruta como para ser optimistas. Las negociaciones del tratado comercial con Norteamérica, y los conflictos bélicos que parecen haber llegado para quedarse, claramente nos sugieren un escenario de menor crecimiento económico y de mayor inflación.

En el frente doméstico, las finanzas públicas presentan muy poco margen de maniobra. El estancamiento económico se verá reflejado en una menor recaudación mientras el gasto clientelar presenta rigideces que parecen imposibles de superar. Cuando los ingresos son menores a los gastos, la alternativa obvia es seguir contratando deuda.

Pero el problema real subyace en la destrucción de las instituciones republicanas del país. El poder absoluto del gobierno, sin contrapesos, ahuyenta a la inversión privada como la peste. Para que regrese la inversión, no se necesitan promesas ante el Calendario Azteca de simplificaciones administrativas, se necesita un Poder Judicial y un marco regulatorio que le den confianza al sector privado para que arriesgue su patrimonio invirtiendo en México.

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