Pocas veces el público asistente a los eventos de la presidenta abandona el papel de porrista que le asignan los organizadores.
En Oaxaca lo hicieron. Asumieron el protagonismo, sus gritos inundaron el escenario de tal forma que tres veces los funcionarios no pudieron continuar hablando. Repudiaron a quien los gobernó seis años. Lo conocen suficientemente.
Puesta a elegir, a la presidenta le importó más el pacto político con Murat que la voz del pueblo.
En muchos estados, hasta admiradores de la 4T se quejan de que los altos puestos los tienen personajes indefendibles. La disonancia entre el sentir popular y el comportamiento de Morena como partido y gobierno no se debe a que se han colado “intrusos” sino a la estructura de funcionamiento del movimiento.
Primeramente, es necesario subrayar que nadie se ha colado, que todos los “ex” de otros partidos han entrado por la puerta grande y, como Murat, protegidos públicamente por los presidentes de la República en turno.
Los “morenistas impostores” no entraron subrepticiamente rompiendo candados con una ganzúa. Pactaron con el dueño de las llaves y entraron con él (o ella) del brazo.
En Morena pululan los políticos que mienten, roban y traicionan al pueblo porque su aparato está diseñado para que las comisiones de honor y justicia no sirvan, las críticas externas sean descalificadas como ataques “de la derecha” y todas las decisiones sean tomadas por quien sea el líder máximo, bajo su antojo.
A ese movimiento pueden pertenecer políticos que se consideran de proyectos ideológicos opuestos porque los principios que se publicitan no importan, son solo frases de propaganda. No hay prácticas ni foros donde los miembros debatan programa e ideología. Lo que hace el partido y el gobierno, lo decide el jefe máximo. Por ejemplo, la reforma judicial no fue discutida entre las bases, de un día para otro la anunció AMLO y se llevó a cabo sin el menor análisis interno.
La falsedad ideológica es lo que permitió que los candidatos del PRI en Yucatán en 2018 se convirtieran en los candidatos de Morena en 2024.
Defienden a Murat porque la opinión del pueblo no les importa, ni tienen como objetivo políticas públicas ni principios ideológicos diferentes a los del exgobernador y porque son una estructura para obtener poder por el poder mismo donde el senador es indispensable, esencial e imprescindible. Hasta a narcopolíticos integran y defienden.
La múltiple presencia de impresentables es el resultado de la esencia organizativa y política de Morena, no de descuidos del portero.
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