Nadie te pregunta si quieres entrar. Un día no estás, y al siguiente ya eres miembro activo de un grupo de WhatsApp con cuarenta y tres personas, un nombre con emojis y una misión que nadie definió. No hay ceremonia. No hay opción de declinar. Solo una notificación y la certeza de que algo, en tu vida, acaba de cambiar para mal. A los cuarenta ya tienes una colección. El de la familia nuclear. El de la familia extendida -que …
