Cada vez que una acusación extranjera toca al poder mexicano, aparece el reflejo conocido: envolverse en la bandera, impostar la voz y gritar “soberanía”. La palabra sirve entonces como escudo, como coartada y como teatro. Pero la soberanía no se defiende con consignas. Se construye todos los días con instituciones capaces de gobernar, producir verdad pública y mantener la paz. La acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, y otros …
