Semana 16 de La Aurora. Como un castillo de naipes, así luce un horizonte complejo para México. Un soplido más y todo se derrumbará. Las acusaciones contra Rubén Rocha Moya marcan una frontera, un antes y un después.
¿Cuánto vale el gobernador de Sinaloa como para arriesgar prestigio y soberanía? La respuesta, cualquiera que sea, será inquietante.
Una de espías…
Los espías son un asunto común. México es un lugar estratégico por su cercanía con Estados Unidos y por la visión internacional que alguna vez tuvo y que significó apoyos puntuales a la caída de la dictadura de Anastasio Somoza, en Nicaragua, a los esfuerzos de paz en El Salvador, en el recibimiento de perseguidos políticos de Chile y Argentina y en la terea, por demás eficaz, de ser un puente entre La Habana y Washington.
Manuel Buendía, uno de los periodistas más acuciosos e informados, reveló el nombre del jefe de la CIA en nuestro país, e inclusive publicó la dirección de las oficinas.
Aquello significó un escándalo y una serie de furibundos ataques y desmentidos al autor de Red Privada en El Día. Era 1976.
Como suele ocurrir, así como amplias franjas de la población creen que sus teléfonos están intervenidos, los supuestos “agentes de la CIA o de la KGB” pululaban por todos lados.
Había motivos, por las actividades clandestinas de la agencia, sus procedimientos criminales contra gobiernos democráticos y las sospechas fundadas de la cooptación de policías, sobre todo de la Dirección Federal de Seguridad.
Sin embargo, la generalización absuelve y era a lo que rehuía Buendía, ya que provoca que se pierda atención en los fundamental, que no es si hay actividades de la CIA, sino las capacidades de las áreas de seguridad mexicanas para detectarlas y contenerlas.
Por ejemplo, en el caso de Chihuahua, el CNI no estuvo a la altura de la situación, porque dejó de ocuparse de la contrainteligencia, ya que se encuentran enfocados en los temas relacionados con el crimen organizado.
A ello hay que añadir que el margen de maniobra contra los abusos que pueden cometer agencias como la propia CIA, la DEA y el FBI es limitada.
Esa es la situación en la que se encuentra el gobierno mexicano, donde se está pagando por la desidia y negligencia de López Obrador en el combate a los bandidos.
Por eso la salida fácil, aunque errónea, es culpar al gobierno de Chihuahua, deslindado a la propia CIA. Una pirueta más que osada.
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