En nuestro encuentro anterior concluimos que los problemas públicos, por más retorcidos que parezcan, se pueden resolver. Los casos del tráfico en Curitiba y la inseguridad en Medellín mostraron que las sociedades podemos padecer nuestros problemas como una maldición inevitable o convertirlos en oportunidades para mejorar. También vimos que, aunque esa es la función de los gobiernos, en el México de hoy no es una apuesta inteligente esperar que quienes nos gobiernan resuelvan nuestros problemas públicos. La buena noticia es …
