Quién lo diría. Qué acostumbrados estamos a ver a los grandes, a los que ocupan el centro del escenario, a los que hablan todos los días con una narrativa estridente y repetitiva. En la presencia mediática, gritona y también inútil. Pero el poder real no siempre hace ruido. Se mueve en los límites. Observa. Calcula. Espera. Y opera. Mientras el discurso del régimen se sostiene en la idea del control, de la cohesión, de un proyecto sin fisuras, hay quienes …
