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Información para decidir con libertad

Números y propaganda

¿Qué son las alertas?         

Las alertas desarrolladas por Causa en Común identifican anomalías en el registro, clasificación y comunicación de las cifras oficiales sobre delitos. No prueban que los datos hayan sido alterados deliberadamente ni permiten atribuir responsabilidades por sí mismas. Señalan comportamientos que, por su magnitud o falta de explicación, requieren una revisión técnica y una respuesta de las autoridades. En esta entrega explicamos la alerta de uso propagandístico de las cifras.

Una cifra puede ser “correcta” y, al mismo tiempo, contar una historia incompleta. Todo depende del periodo elegido para compararla, del indicador utilizado, de la forma en que se representa visualmente y de la información que se deja fuera. Éste es el punto de partida de la alerta por el uso propagandístico de las cifras. A diferencia de las alertas anteriores, no se concentra en cómo se registran o clasifican los delitos, sino en la etapa final del proceso: la manera en que las autoridades comunican los resultados.

México cuenta con un sistema de publicación mensual de la incidencia delictiva que permite consultar datos nacionales, estatales y municipales. Sin ella sería mucho más difícil evaluar las políticas de seguridad, comparar entidades o detectar posibles inconsistencias. Pero publicar información no garantiza que su comunicación sea neutral. Los gobiernos seleccionan qué cifras presentan, con qué periodos las comparan, cuáles convierten en titulares y qué elementos utilizan para acompañarlas. Estas decisiones pueden ayudar a comprender un fenómeno o, por el contrario, construir una historia que destaque los datos “favorables” y reduzca la visibilidad de aquellos que la maticen o la contradigan.

La primera práctica identificada consiste en seleccionar puntos de comparación convenientes. Al presentar los resultados de seguridad con corte a junio de 2026, el gobierno federal comparó ese mes con septiembre de 2024 y anunció una reducción de 48% en el promedio diario de homicidios dolosos. Sin embargo, septiembre de 2024 coincidió con el inicio de una disputa entre facciones del Cártel de Sinaloa que provocó un incremento extraordinario de la violencia en esa entidad. Para ponerlo en perspectiva: entre enero y agosto de ese año, Sinaloa reportó un promedio mensual de 42 homicidios dolosos; en septiembre registró 143, es decir, 3.4 veces más. El efecto también se reflejó en las cifras nacionales: con 2,609 víctimas de homicidio doloso, septiembre tuvo el registro mensual más alto del último cuatrimestre de 2024. Tomar como punto de partida un mes particularmente violento amplifica la magnitud de cualquier descenso posterior.

Cuando se comparan periodos equivalentes —el primer semestre de 2026 frente al primer semestre de 2025—, la reducción de los homicidios  —aún concediendo que no aplican las anomalías explicadas en anteriores entregas—, es de aproximadamente 30%, disminución de por sí relevante y también sin explicación. Si utilizamos la información más reciente disponible, el 13 de octubre el gobierno federal anunció una disminución de 52% en el promedio diario de homicidios dolosos a nivel nacional entre septiembre de 2024 y septiembre de 2026; sin embargo, el registro estadístico público no se ha actualizado a la fecha de este artículo, 14 de octubre. De nueva cuenta: ninguno de los cálculos tiene que ser falso. Comparar dos meses muestra la distancia entre dos puntos específicos; contrastar semestres permite observar periodos más amplios y reduce el efecto de variaciones coyunturales. El problema surge cuando se presenta únicamente el resultado más favorable, sin explicar cómo cambiaría la conclusión utilizando otro punto de referencia razonable.

La segunda práctica se encuentra en las gráficas. En las presentaciones oficiales se han utilizado ejes verticales que comienzan cerca del nivel de los datos —por ejemplo, en 40 homicidios diarios— en lugar de iniciar en cero. Esto hace que el descenso ocupe casi toda la altura de la imagen y que el valor final parezca acercarse visualmente a la desaparición del fenómeno. Los ejes truncados pueden ser útiles en ciertos análisis técnicos para mostrar variaciones pequeñas. Sin embargo, en una comunicación dirigida al público debería evitarse que la representación exagere la magnitud del cambio. Cuando la misma información se coloca en una gráfica cuyo eje inicia en cero, la reducción continúa siendo visible, pero guarda una proporción más cercana al comportamiento real de los datos.

Además, algunas gráficas oficiales presentan los meses como una sucesión de escalones descendentes. De esa forma se remarcan las reducciones y se reducen visualmente los repuntes intermedios. El resultado transmite la impresión de una caída continua, aunque la serie mensual incluya fluctuaciones.

Otra práctica del gobierno consiste en utilizar el promedio diario de homicidios como indicador casi exclusivo de la evolución de la violencia. El promedio puede facilitar la comunicación, pero no aporta información distinta de los totales mensuales: es el resultado de dividir el número de víctimas entre los días del periodo. Su uso reiterado tiene además un efecto discursivo. Una disminución de algunos homicidios por día puede parecer más cercana o contundente que la presentación de miles de víctimas acumuladas. Al mismo tiempo, el promedio nacional diluye las diferencias estatales: una reducción importante en algunas entidades puede ocultar incrementos o niveles persistentemente altos en otras.

Los homicidios tampoco son el único indicador de violencia. Como mostramos en las entregas anteriores, su comportamiento debe analizarse junto con las desapariciones, los feminicidios, los secuestros, las extorsiones y otros delitos; también debe contrastarse con fuentes como las estadísticas de defunciones del INEGI. Una mejoría en el promedio nacional no resuelve las dudas generadas por posibles reclasificaciones, subregistros o aumentos de desapariciones.

La alerta de uso propagandístico no se activa porque un gobierno informe resultados favorables. Toda autoridad tiene derecho a explicar sus políticas y destacar sus logros. Se activa cuando la selección de periodos, indicadores o recursos visuales dificulta dimensionar el cambio, oculta información necesaria para interpretarlo, o presenta una lectura parcial como si fuera la única posible. Tampoco busca negar la reducción de los homicidios. Si la tendencia se mantiene, debe reconocerse y estudiarse para entender sus causas. Pero precisamente porque se trata de un resultado importante, tendría que comunicarse con periodos equivalentes, cifras absolutas, gráficas proporcionales y datos que permitan observar las diferencias entre estados.

A lo largo de esta serie de artículos hemos explicado cinco alertas sobre las estadísticas delictivas. Algunas se refieren a cambios abruptos; otras, a posibles diferencias de clasificación, casos que no aparecen en los registros o aumentos de desapariciones que contrastan con otros indicadores. Esta última recuerda que la vigilancia ciudadana no termina cuando se publican los datos. También debe examinar cómo se convierten en mensajes políticos.

Las estadísticas oficiales son indispensables para evaluar la seguridad, pero no pertenecen al gobierno que las presenta. Son información pública y de la ciudadanía, y deben permitir que cualquier persona pueda reproducir las comparaciones, revisar las tendencias y llegar a sus propias conclusiones. Una comunicación responsable no necesita renunciar a los resultados positivos. Necesita presentarlos completos. La confianza no se fortalece con la cifra más espectacular, sino con datos comparables, gráficas honestas y explicaciones que resistan la revisión pública.

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