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México se queda atrás: el PIB por trabajador, 1991-2025

El PIB por persona empleada mide cuánto produce, en promedio, cada trabajador de un país en un año. Se calcula dividiendo el valor de todos los bienes y servicios producidos entre el número de personas ocupadas. Es una de las medidas más directas de la productividad laboral, y la productividad es lo que, a largo plazo, determina los salarios y el nivel de vida.

Para que las cifras sean comparables entre países, el Banco Mundial las expresa en dólares constantes de 2021 ajustados por paridad de poder de compra (PPP). La PPP corrige las diferencias de precios: un dólar no compra lo mismo en Ciudad de México que en Seúl, y el ajuste lo refleja. Los precios constantes, además, eliminan el efecto de la inflación. El resultado compara volúmenes reales de producción por trabajador, no tipos de cambio ni precios.

Entre 1991 y 2025, Corea elevó su PIB por trabajador 175%, Turquía 166%, Uruguay 79%, Argentina 33% y Brasil 31%.

En 1991 México encabezaba este grupo por encima incluso de Corea. Hoy es el único que produce menos que hace 34 años. Pasó del primer lugar al penúltimo; solo Brasil está por debajo, y Brasil va en ascenso.

La caída se concentra en los años recientes. Entre 2018 y 2025, México presenta una caída de 6.3% registrando el nivel más bajo desde que el Banco Mundial publica la serie, en 1991, inferior incluso al de la crisis de 2009 y al de la pandemia de 2020.

En el mismo periodo, Turquía aumento 20% su PIB por trabajador. Quizá sea coincidencia, pero en 2018 ambos países construían los que iban a ser dos de los aeropuertos más modernos del mundo. Turquía inauguró el de Estambul el 29 de octubre de 2018. Esos mismos días, México cancelaba el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, una de las obras de infraestructura más importantes de su historia.

El aeropuerto no explica por sí solo la productividad turca. Pero simboliza dos rumbos: uno que invierte y termina lo que empieza, y otro que desecha lo ya invertido.
La productividad no se decreta ni se reparte. Regalar dinero puede aliviar carencias inmediatas, pero no hace que un trabajador produzca más. Lo que sí lo logra es invertir en salud, para que la gente trabaje con plenitud; en educación, para que tenga mejores habilidades, y en ciencia y tecnología, para que use mejores herramientas.

Además, nada de eso basta sin Estado de derecho: reglas que se respetan y contratos que se cumplen, para que empresas y familias tengan confianza para invertir. Sin esa confianza, el capital se va o nunca llega.

En 1991 México tenía la ventaja de partida. Corea y Turquía demostraron que en una generación se puede casi triplicar la producción por trabajador. Nosotros dejamos pasar esa oportunidad. Recuperarla empieza por entender que el bienestar se construye con inversión y certeza jurídica, no con transferencias.

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