La 4T no se cansa de engañar a la población diciendo que los gobiernos neoliberales pretendían privatizar la salud a través del Seguro Popular. Es falso. El Seguro Popular fue un esquema de aseguramiento público que llego a proteger a 57 millones de mexicanos. Nunca antes se había alcanzado una cobertura así.
Fiel a su talante destructor, el presidente López Obrador tomó tres decisiones que desmantelaron el sistema público de salud. La primera fue desaparecer el Seguro Popular, lo que dejó a millones de mexicanos sin acceso a servicios médicos. La segunda fue demoler el sistema de compras consolidadas de medicamentos sin ser capaz de instrumentar uno alternativo que funcionara y llevamos años padeciendo el peor desabasto de la historia. La tercera fue sacrificar el presupuesto de salud para repartirlo clientelarmente como “programas sociales”.
Tras siete años de esta política criminal, el resultado es el desmoronamiento del sistema público en favor de la medicina privada. Nunca imaginaron que uno de los frutos de su resentimiento e incompetencia sería, precisamente, la privatización de la salud. Los datos lo ilustran.
Según el INEGI, la población sin acceso a servicios de salud pasó de 20.1 millones en 2018 a 44.5 millones en 2024. Se duplicó: hoy uno de cada tres mexicanos está fuera del sistema.
En 2018, de acuerdo con México, ¿cómo vamos?, la mayoría de quienes enfermaban se atendía en instituciones públicas. Para 2022, seis de cada diez acudían a consultorios y hospitales privados o a consultorios de farmacia.
El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria reporta que entre 2022 y 2024 el gasto de bolsillo de los hogares en salud creció 7.9%. En los hogares de menores ingresos, cerca de la mitad de ese gasto se va en medicinas.
El colectivo Cero Desabasto documentó que en 2025 los reportes de escasez se triplicaron respecto al año anterior. La crisis que inició el presidente López Obrador no solo no se ha resuelto con la presidenta Claudia Sheinbaum: está empeorando.
La falta de presupuesto se nota en falta de higiene, equipos descompuestos, consultorios saturados y en instalaciones deterioradas. Los testimonios de pacientes y del personal son contundentes.
El cierre del Seguro Popular, el desabasto y la falta de recursos al sistema de salud público han orillado a los mexicanos a pagar de su bolsillo una parte cada vez mayor de su ingreso para atender su salud. Ha sido una privatización silenciosa, pero constante.
Hoy enfermeras, enfermeros y médicos del IMSS están en la calle exigiendo mejores condiciones laborales, que bien merecen, pero también medicamentos y presupuesto para atender dignamente a sus pacientes. El gobierno debe dejar de amenazarlos y escuchar sus demandas. Ya bastante han sido agraviados. Recordemos que la negligencia del presidente López Obrador, alimentada por la soberbia del impresentable de López-Gatell, llevó a México al primer lugar mundial en muertes de personal de salud durante la pandemia de Covid-19.
El personal de salud no es de derecha ni de izquierda. Son heroínas y heroes con una vocación de servicio que no tiene ningún funcionario de la 4T.
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