Artículo dedicado a Pancho Garfias. Descanse en paz.
Existe una trampa intelectual que explica por qué México debate tan mal su futuro. La describió Harold Demsetz, economista de la Universidad de Chicago, en 1969. Se llama la Falacia del Nirvana. La falacia es simple y letal: consiste en la operación que hacen las economías políticas estatizantes de comparar mercados imperfectos de un mundo real, que presentan “fallas de mercado”, con un Estado omnisciente, que ofrece “soluciones perfectas”. Éstas se convierten en ofertas políticas, presumiblemente infalibles, aunque en la realidad se produzcan “fallas del Estado”. Este camino lo han seguido las autocracias que capitalizan el descontento social y ofrecen soluciones inmediatas. Y, por supuesto, la oferta del mundo perfecto siempre gana, atrae electores y seguidores, aunque con el tiempo fracase. Es como comparar a la esposa real, que a veces se enoja, contra una supermodelo imaginaria que nunca se enoja y siempre está de “buen humor $$$”. Esta comparación es tramposa y deshonesta. Y es exactamente la trampa del discurso oficial en México. Ofrece soluciones perfectas e inmediatas que en la realidad tienen un alto costo social y, como no se pueden cumplir, acaba por derrumbarse.
Una simplicidad cognitiva que lleva al desastre. Nos dicen: "El mercado neoliberal era corrupto, ineficiente, injusto y dejaba a los pobres atrás". Y sólo en parte tienen razón. El mercado mexicano real tiene defectos enormes: monopolios tolerados, compadrazgos, reguladores capturados, pero son circunstancias que pueden superarse. Y luego nos ponen enfrente al Nirvana: "El Estado del pueblo, honesto, el que sí piensa en los pobres, que no roba, no miente y no traiciona". Un Estado ideal que solo existe en la propaganda oficial y en el discurso.
En esta comparación, el Estado perfecto gana en un principio por goliza al mercado imperfecto. La “voluntad popular” compra la idea de que hay que destruir para construir: las instituciones funcionales de la democracia que apoyan el equilibrio de poderes, por ser imperfectas, también deben de desaparecer. Transparencia, regulación, evaluación y rendición de cuentas, ¿para qué? Para Demsetz la comparación honesta y científica no es entre el mercado real y el Estado ideal sino entre el mercado y el Estado con sus capacidades reales. ¿Y cómo es el Estado real en México? ¿El de Dos Bocas que costó el triple y no refina, el del Tren Maya que destruyó la selva y no es rentable, el del AIFA, mejor y más barato que Texcoco, pero insuficiente para atender la demanda aeroportuaria? ¿Ese Estado real es más eficiente, más honesto y justo o sólo es un constructo (construcción teórica ideal) que pretende guiar y dictar las conciencias?
Demsetz nos enseña que la pregunta correcta entre los sistemas imperfectos que tenemos a mano -un mercado y un Estado imperfectos- es ¿cuál corrige mejor los errores? El mercado tiene una ventaja moral y práctica que el Estado no tiene: cuando una empresa falla, pierde clientes y quiebra, mientras el Estado oculta.
Si el Estado falla, pide más presupuesto, se endeuda, culpa al pasado neoliberal y premia al funcionario fracasado con otro puesto, sin rendición de cuentas. La Falacia del Nirvana es el opio de este sexenio. Prometen un paraíso perfecto para que aceptemos un infierno real. Piden paciencia mientras llega el mundo ideal. Seguimos esperando ese Nirvana que nunca llega, nos quedamos sin lo mejor de ninguno y con lo peor de los dos. Nos quedamos sin mercado y sin Estado, en la más absoluta indefensión. Y eso, exactamente eso, es la nueva servidumbre mexicana.
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