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Las razones del Vaticano (a propósito de la IA)

Leyendo entre líneas. No es un ejercicio fácil el de entender las razones teológicas de una oposición, sobre todo para los que nos somos expertos en la materia. Pero siempre podemos especular. Sobre todo, cuando está en cuestión algo tan central como es la humanidad del ser humano y puntos neurálgicos de la creencia cristiana, como es el de la resurrección. El Papa León XIV, en su ya muy comentada encíclica Magnifica Humanitas, señaló claramente cuáles eran las preocupaciones de la Iglesia católica respecto a la inteligencia artificial (IA). Dijo que la tecnología “puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común”, pero igualmente señaló que “también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias”. Agregó que “en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí, pero, concretamente, no es neutral”. Hay entonces un riesgo de deshumanización. Dice León XIV: “En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnifica humanidad que se nos ha dado… y que ninguna maquina podrá jamás sustituir”. En estas reflexiones iniciales, me parece, se reflejan las preocupaciones más profundas del Papa y de la Curia romana, que van más allá de las relacionadas con las cuestiones estrictamente sociales y en las cuales la encíclica se extiende, en la medida que celebra el aniversario de la Rerum novarum de León XIII. Porque la IA y sus promotores se han dedicado a soñar en las enormes posibilidades de la nueva tecnología, al grado de que algunos ya hablan no sólo de prolongar la vida por muchas décadas, sino incluso de alcanzar la inmortalidad. Lo cual alteraría completamente la teología cristiana. Esta, parte de que los seres humanos fuimos creados por Dios a su imagen y semejanza. ¿Pero qué sucede, por ejemplo, cuando puede haber nuevos seres creados a imagen y semejanza nuestra? ¿Qué significa que el ser humano deje de ser humano, o que pueda crear seres que no son humanos? ¿Nos convertimos en dioses creadores y por lo tanto prescindimos del Dios quien, según esta doctrina, nos habría creado?

¿Se acuerda usted de aquella Instrucción Ad resurgendum cum Christo, acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación, publicada por el Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe en agosto de 2016? Allí se reafirmaba, citando a Tertuliano: “La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella”. Y parafraseando a San Agustín, el documento confirmaba: “Enterrando los cuerpos de los fieles difuntos, la Iglesia confirma su fe en la resurrección de la carne”. ¿Qué pasaría entonces si la IA contribuye a que la humanidad ya no muera, o que muera sólo el cuerpo, pero el cerebro siga funcionando en una maquina? Sin resurrección, ya no habría ni cristianismo, ni Dios, necesario. Por lo menos Dios concebido de esa manera.

El asunto no es para acabarlo en un artículo de periódico, ciertamente. Hay mucho que discutir sobre lo que es la humanidad y lo que León XIV señala, a propósito de la responsabilidad y los controles sobre la IA, sobre lo que para él es la cuestión central: “¿Qué significa custodiar lo humano?” En tiempos de deshumanización, hay todavía mucho que discutir.

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