Seguro usted recuerda cómo se jugaba la pirinola. Una especie de trompo que tiene seis caras que generalmente jugábamos con frijolitos. Las caras tenían escrito el toma uno, el toma dos, toma todo, el pon uno, pon dos y el todos ponen. Ganaba obviamente, quien arrasaba con todo. Hoy parece que juegan a la pirinola en política y solo les interesa el Todos Toman. Si alguien pregunta quién le pone para seguir tomando, ya sabemos que es un adversario de la Transformación.
Hay que recordar lo que escribió Hannah Arendt sobre la Banalidad del Mal. De la capacidad de participar en atrocidades sin detenerse a pensar en sus consecuencias. Como los malos generalmente son irreflexivos porque jamás miden el daño a largo plazo y solo funcionan a través del interés y el ego personales. En México ya desarrollamos una variante transformadora. La banalidad del abuso, donde nadie necesita considerarse corrupto mientras exista un superior que autorice, un subordinado que ejecute, una Auditoría Superior que sea invisible y suficientes cómplices que miren hacia otro lado. O se beneficien como rémoras.
El caso Taddei debería inquietarnos más que un simple caso de corrupción. Dieciocho expedientes por presuntas irregularidades contractuales. Grabaciones del Consejero 12 haciendo cuentas millonarias con ábaco. Contratos que alcanzan muchos muchos dólares. La credencial que usted trae en la cartera ya es la más costosa de nuestra historia democrática gracias al sobrecosto de estos ladrones. Las elecciones de 2027 serán las más grandes que hayamos tenido y gracias a la mochada de la Parejita Toma Todo, también las más caras jamás.
Y quien diría que hay cierta nostalgia por los priistas técnicos. Aquellos personajes que abrían la cuenta, apartaban su porcentaje y entre comisión y comisión, conseguían terminar una carretera. No era una virtud. Era la misma corrupción, pero con obra entregada. Todos toman y Todos ponen. Pero el problema hoy parece más rastrero. Todos toman sin haber puesto nada.
La Suplente tendría motivos para exigir explicaciones sin tanta necesidad de repartir culpas al pasado, porque su problema radica en este presente. Su gobierno busca recursos por debajo de las piedras, mientras todos sus funcionarios en todas sus dependencias se despachan el presupuesto federal con la cuchara grande. Donde aparecen sospechas sobre el manejo de millones ahora en la institución más indispensable, ciudadana y antes colegiada. Y aquí surge una contradicción particularmente incómoda. De poco sirve tener influencia sobre un árbitro electoral si el propio árbitro termina comprometido por sus propias acciones. Se les olvida que no existe un control político que sustituya la credibilidad ciudadana.
El Ex Amado Líder sabía cómo jugar, lo que muchos opositores hoy todavía no comprenden. El ganó porque entendió que el poder mexicano conserva buena parte de su antiguo cascarón, aunque cambie de color. Y también conserva sus vicios. Por eso resulta incomprensible calificar cada revelación como una guerra sucia. Una investigación no desaparece porque alguien se indigne con el mensajero. El crimen no se diluye porque pase el tiempo. Y esto es tan fuerte para la Transformación, que esta vez no se puede guardar en el cajón de los asuntos impunes.
Y mientras sigue el juego, algunos opositores que sólo atinan a invocar a la ultraderecha extranjera como remedio, siguen imaginando que importar su discurso constituye en sí un proyecto nacional. Confunden estridencia con ideas y provocación con liderazgo. México necesita algo bastante más difícil. Una visión reformadora y honesta, instituciones de nuevo funcionales y el valor político de enfrentar a los corruptos propios. Algo con un verdadero espíritu de servicio, no de sus imitadores de saliva y utilería.
Es el sistema que se come a sí mismo mientras debilita las instituciones de las que depende y después descubre sorprendido, que también necesita que funcionen para mantenerse en el poder.
De cualquier forma, la pirinola sigue girando.
Ellos siempre Toman Todo.
Usted y yo, solo seguiremos poniendo…
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