...

Información para decidir con libertad

La nueva diplomacia sectaria en América Latina

El pasado fin de semana el presidente de Argentina, Javier Milei, viajó a Brasil para dar su apoyo al candidato Flávio Bolsonaro, en su campaña de cara a las próximas elecciones presidenciales en Brasil, cuya primera vuelta tendrá lugar en octubre próximo que lo habrán de enfrentar, como principal aspirante, con el presidente en funciones, Luiz Inácio Lula da Silva.

En el acto de arranque de campaña del Partido Liberal en São Paulo, Milei enderezó una andanada de insultos contra Lula, al llamarlo “corrupto”, “ladrón” y “presidiario” y al juez Alejandro de Moraes -que condenó al padre de Flávio, el expresidente Jair Bolsonaro, a 27 años de prisión, por tentativa de golpe de Estado tras las elecciones de 2022, sentencia que cumple bajo régimen de prisión domiciliaria-, “basura calva”.

El estrambótico mandatario argentino no paró allí. Milei se quejó de que no se le permitió visitar a Bolsonaro por una restricción del Tribunal Federal Superior de Brasil, cuestionando el doble rasero de la justicia brasileña al recalcar que Lula no enfrentó impedimento alguno cuando “fue a visitar a la rea”, en clara y despectiva alusión a la expresidenta Cristina Fernández

Brasilia retiró y llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, en medio de una grave crisis diplomática entre los dos pilares de Mercosur. A lo largo del siglo XX, y gran parte del presente, sucesivos gobiernos de ambos países, tanto civiles como militares y de muy distinto signo político, mantuvieron la relación bilateral, de modo pragmático, incluso en los momentos de mayor tensión entre ambos países. Parece que esa consideración perdió violencia.

El ministro de Hacienda brasileño, Darío Durigan, respondió acremente a las imprecaciones del mandatario argentino, al tacharlo de “payaso”, y le restregó el mejor desempeño de la economía sobre la argentina, al recordar que la deuda pública, el riesgo-país y la inflación de Brasil son mucho menores a las de su vecino occidental, despreciando de ese modo la supuesta sapiencia económica del presidente que se presenta como libertario. Lula echó más leña al fuego al ser inquirido sobre los insultos de Milei, al responder: “¿Y ése, quién es?”

La escalada que no cesa. Milei ha hecho saber que no piensa pedir disculpas, ni lo hará su embajador en Brasilia, Daniel Raimondi. Por lo demás redobla sus ataques, al acusar a los gobiernos de México, Brasil y a los demócratas estadounidenses de haber lanzado una campaña antiargentina a escala global durante el pasado Mundial de futbol, en el colmo del delirio conspiranóico.

No sólo en este conflicto diplomático es notoria la ideologización de las relaciones internacionales de América Latina y la diplomacia facciosa que de ese sesgo se deriva. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se enredó en un cantinflesco galimatías, al intentar justificar su renuencia a condenar las recientes declaraciones del dictador nicaragüense, Daniel Ortega, en las que anunció que ya no se celebrarán elecciones en aquel país, al afirmar que su país está por la democracia, pero que “respeta la autodeterminación de los pueblos”, lo que quiera que eso signifique.

En el caso del exabrupto de Milei, el tiro parece haber salido por la culata. Después de sus exaltadas diatribas, la intención de voto para Lula aumentó de modo espectacular, aumentando la ventaja que ya llevaba sobre Bolsonaro Jr., eso, al margen de la grave afectación que para la maltrecha economía argentina supondrá una reyerta con su principal socio comercial, en una instancia clara de daño autoinfligido. No cabe duda, por la boca muere el pez y Javier Milei.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp