Dentro del maxiproceso que fiscalías y jueces de España llevan a cabo contra el gobierno de Pedro Sánchez, su entorno familiar, distintos colaboradores, el expresidente Zapatero y el propio PSOE, y que incluye 100 personas imputadas, 15 causas judiciales abiertas y 19 delitos relacionados con corrupción que eventualmente supondrían mil 800 años de prisión, un juez ha despachado el primer paquete y condenó a José Luis Ábalos, exministro y el aliado político más cercano de Sánchez, a 24 años de prisión; a Koldo García, el intermediario, a casi 20 años, y a Víctor de Aldama, el empresario corruptor, a cuatro años y medio.
Este último llevará su condena en libertad gracias a su colaboración en la investigación y comprobación de los delitos. Dicho de otra forma: muestra que la delación de algunos acusados en la trama, léase Aldama, es legítima y puede ser decisiva en el desahogo del juicio.
Ahora bien ¿cuáles son las lecciones que ofrece este desenlace puntual? Veamos.
La primera es que el dilema del prisionero (el equilibrio del miedo o de Nash) funciona. Carlo Frabetti, un matemático de Nueva York, lo explicaba gráficamente así: si dos prisioneros, A y B, han cometido un crimen, pero no hay pruebas suficientes para mandarlos a la cárcel, la policía los encierra por separado y les da opciones: si A confiesa y B no, dejan libre al primero y al segundo le dan 10 años de cárcel. Si ambos confiesan, 5 años a cada uno. Si ninguno canta, un año para ambos. En el episodio español, la fiscalía y el juez trabajaron bien para inclinar la balanza hacia la segunda opción.
La segunda es que en el caso de México, donde hay un conjunto de mecanismos delictivos delicadísimos que casi constituyen metástasis y con incontables participantes en la colusión del crimen organizado con políticos, funcionarios, jueces, notarios, empresarios, factureros, abogados, banqueros, marinos, militares o policías, entre otros, es decir, en contextos así opera una tomografía de la mafia que describe Roberto Saviano: cuando hay un Estado enfermo, algunas de sus células se revuelven contra él y su sistema inmunitario se vuelve un aparato residual que el mismo organismo debilita poco a poco hasta que es casi imposible distinguir “la parte sana de la podrida”. En este supuesto ¿cuál es el “equilibrio” que mejor funciona?
Y de allí deriva la tercera lección: esta hipótesis pone en un dilema muy grave a la presidenta Sheinbaum. Si entrega una o varias cabezas de alto nivel a las agencias norteamericanas, digamos al expresidente, gobernadores y exgobernadores bajo la lupa, legisladores visibles, alcaldes, mandos militares y navales importantes ¿quién de ellos cantaría primero La Traviata en una “oficinita” de Nueva York que no es precisamente la Metropolitan Opera House? ¿Por dónde se rompería el hilo?
Porque el problema ya no es solo de complicidad en terreno, es decir, en los circuitos productores y distribuidores de sustancias/bienes ilícitos clásicos (únicamente en Manzanillo se mueven 4 mil contenedores diarios), sino en sus ramificaciones, en los tres niveles de gobierno, de negocios como compras y obras públicas asignadas discrecionalmente, selección por dedazo de contratos para prestar diversos servicios públicos mediante procesos amañados o arreglos para triangular efectivo en sectores como construcción e inmobiliario, que necesitan una aceitada maquinaria para el lavado, el cual oscila entre 1.5% y 5% del PIB.
En conclusión, seguir con la letanía del injerencismo o la soberanía es persistir en un engaño que refleja, más bien, el profundo miedo de que todo el castillo de naipes se derrumbe.
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