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DISCUSIÓN: ¿Sorpresa de octubre? La batalla final por la presidencia de Brasil

Durante la primera vuelta electoral brasileña del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro superó a Lula y el Partido Liberal se consolidó como la mayor fuerza en el Congreso. Para entenderlo, es importante analizar la geografía electoral del país, así como los pilares de cada proyecto: la “Triple B” (bala, Biblia, buey) de Bolsonaro frente al neodesarrollismo de Lula. De cara a la segunda vuelta del 25 de octubre, con una diferencia mínima y más de 48 millones de votos aún en disputa, una consecuencia es indisputable: Brasil entrará en una era de mayor polarización con un sistema político cada vez más difícil de gobernar.

Carlos Escalera

Brasil celebró elecciones el primer domingo de octubre para renovar el Congreso, las 27 gubernaturas y asambleas estatales. También se sometió a votación la presidencia de la República, cuyos resultados fueron cerrados: ninguno de los candidatos presidenciales obtuvo más del 50% de los votos válidos, por lo que habrá un segundo turno este domingo 25 del mes. Los resultados indican que se juega algo más que un cargo público: el modelo económico, político y social del país se define en esta coyuntura electoral con dos proyectos diametralmente diferentes en sus propuestas e intereses. El sistema político brasileño se encuentra en plena mutación, avanzando hacia una mayor polarización entre la izquierda y la derecha, a costa del hundimiento de los partidos del centro pragmático. En Estados Unidos se habla de la 'sorpresa de octubre' para referirse a los acontecimientos que, pocas semanas antes de celebrarse, pueden cambiar el rumbo de una elección; este año, la sorpresa de octubre llegó a Brasil.

Un primer turno inesperado

El domingo 4, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, sorprendió al quedar en primer lugar en la elección presidencial, con 47% de los votos válidos, por encima del 45.2% que consiguió el actual presidente, Luiz Inácio 'Lula' da Silva. El asombro proviene de que las últimas encuestas publicadas antes de la jornada (Datafolha, Quaest, CNT/MDA) daban a Lula una ventaja de entre uno y seis puntos porcentuales: insuficiente para ganar en primera vuelta, pero necesaria para mantener la esperanza entre su electorado. Desde que la democracia volvió a Brasil tras años de dictadura militar, ningún presidente electo en segunda vuelta ha perdido la primera, por lo cual Flávio se perfila como el favorito.

Flávio Bolsonaro no fue el único en dar la sorpresa esa noche, también lo hizo su partido, el Partido Liberal (PL). El PL se consolidó como la principal fuerza partidista en el Congreso brasileño, con la bancada más nutrida en ambas cámaras: incrementó en 23 el número de diputados respecto de su bancada actual y en 13 el número de senadores; además, ganó seis gubernaturas y disputará el estado de Amazonas en la segunda vuelta. Entre sus victorias estatales se encuentran Río de Janeiro —la cuna del clan Bolsonaro— y Paraná —donde fue electo Sergio Moro, exministro de Justicia y Seguridad Pública de Jair Bolsonaro y quien, como juez de Curitiba, emitió la orden de arresto contra Lula en 2018.

Por lo tanto, se puede decir que los resultados del 4 de octubre dan cuenta de un tsunami de derecha. El PL, junto con otros partidos afines en términos ideológicos como Novo (de extracción empresarial) o Missão, podría conformar un bloque lo suficientemente robusto para elegir a los presidentes de ambas cámaras, quienes en la práctica controlan la agenda del Congreso. Ese tsunami le permitió a la familia Bolsonaro colocarse en posiciones clave: Michelle Bolsonaro, la esposa de Jair, fue electa senadora por el Distrito Federal (Brasilia); Carlos, el hermano de Flávio, lo fue por Santa Catarina; Jair Renan Bolsonaro y Renato Bolsonaro, hijo y hermano del expresidente, respectivamente, ganaron asimismo diputaciones federales. El patriarca, sin embargo, no pudo competir. Jair Bolsonaro es inelegible desde 2023 y cumple, en prisión domiciliaria, una condena de más de 27 años por intento de golpe de Estado, por lo que designó a Flávio como su candidato. Eduardo Bolsonaro, otro hermano de Flávio, se encuentra en Estados Unidos, donde se convirtió en el principal interlocutor de la familia con el gobierno de Donald Trump —lo que le valió una condena judicial que tendría que cumplir a su regreso a Brasil.

No obstante, el crecimiento del PL no se explica por una caída de la izquierda. El Partido de los Trabajadores (PT), el partido de Lula, conservó el mismo número de escaños en el Senado y ganó dos bancas adicionales en la Cámara de Diputados. En realidad, el PL creció principalmente a costa del Centrão (el Gran Centro). Este conjunto de partidos —que incluye a Progressistas, Republicanos, União Brasil, el Partido Social Democrático (PSD) y el Movimento Democrático Brasileiro (MDB), entre otros— es en buena medida heredero de ARENA y el MDB, los dos únicos partidos permitidos durante la mayor parte de la dictadura militar, y constituyó la columna vertebral de la gobernabilidad en Brasil durante las últimas décadas. De orientación pragmática, el Centrão ofrecía los votos necesarios al gobierno en turno a cambio de cargos en el gobierno federal, apoyo político o recursos para las clientelas de sus legisladores. El PL formó parte del Centrão hasta el gobierno de Jair Bolsonaro, antes de plegarse a la derecha y constituirse como oposición al gobierno de Lula a partir de 2023. En conjunto, los cinco partidos del Centrão mencionados perdieron alrededor de 19 diputados y 12 senadores respecto de sus bancadas actuales. La derecha ha crecido a costa del centro, pero eso no significa que lo que aún queda del Centrão dejará de ser importante para quien gane la presidencia en la segunda vuelta: hasta el momento, permanece como una fuerza política indiscutible.

El periodo electoral estuvo marcado por el escándalo del Banco Master —liquidado en medio de acusaciones de fraude—, cuyo dueño, Daniel Vorcaro, cultivó relaciones con actores de todos los frentes políticos en Brasil: Flávio Bolsonaro admitió haberle pedido patrocinio para Dark Horse, una película sobre su padre, y Nikolas Ferreira reconoció haberle solicitado un favor y haber usado su avión privado. Personajes del PT y del Centrão también aparecieron vinculados al caso, que incluso alcanzó al ministro del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, quien condujo el proceso que llevó a prisión a Jair Bolsonaro. De ganar la presidencia, Flávio y el PL buscarían indultar a Jair y, desde el Senado, destituir a Moraes.

Las dos caras de Brasil

Si observáramos el territorio brasileño, de noche, desde una estación espacial, se podrían apreciar dos grandes grupos de ciudades iluminadas: el sur-sureste (que incluye a São Paulo, Río de Janeiro y Curitiba, entre otras) y el noreste (que comprende Salvador, Recife, Fortaleza y algunas más). Éstos son los dos grandes centros demográficos, económicos, culturales y también políticos de Brasil. Alrededor del 56% de los brasileños vive en el sur y el sureste, mientras que cerca del 27% habita en el noreste. Empero, esas regiones no podrían ser más diferentes: el sur tiene mayores índices de desarrollo, mayor riqueza y una importante herencia de migraciones europeas; el noreste concentra mayores índices de pobreza y su población incluye una gran proporción de afrobrasileños y mestizos.

Los resultados de la elección del 4 de octubre así lo confirman: el mapa electoral muestra un noreste prácticamente rojo, el bastión de Lula y el PT. Por otro lado, el sur y el sureste se pintaron casi por completo de color azul: son el motor de los votos para Flávio y el PL. En medio se encuentra un estado que tiene un poco de ambos mundos, que se divide entre la izquierda y la derecha, y que reproduce a menor escala lo que es Brasil como un todo: Minas Gerais. Es el segundo estado más poblado del país y reúne alrededor del 10% del electorado nacional. Dicen que quien gana las elecciones en Minas gana a nivel federal. Hasta ahora, ningún presidente ha triunfado en los comicios sin haber conquistado Minas Gerais. Y el domingo, en primera vuelta, Flávio lo logró.

Clave para la victoria del PL en Minas Gerais fue Nikolas Ferreira, quien rompió récord en estas elecciones como el diputado más votado en la historia de Brasil. Hijo de un pastor evangélico, Ferreira es un joven influencer con más de 20 millones de seguidores en Instagram. Su campaña no sólo le garantizó la victoria a él y a sus aliados en Minas, sino que también impulsó a candidatos en otros estados. Ferreira forma parte de una nueva generación de políticos influencers de derecha, como Lucas Pavanato, el segundo diputado más votado de la historia. En la izquierda también hay influencers que participan en política, como la diputada trans Erika Hilton —la tercera más votada de la jornada— o el marxista revolucionario electo por Pernambuco, Jones Manoel. Se trata de un fenómeno nuevo por su escala: las redes sociales se han convertido en un verdadero campo de batalla entre la derecha y la izquierda brasileñas.

Durante el gobierno de Jair Bolsonaro, los pilares de su coalición se sustentaron en la llamada “Triple B”: bala, Biblia y buey. Bala porque las Fuerzas Armadas fueron aliadas clave de Bolsonaro —él mismo, excapitán del Ejército— y llegaron a ocupar cargos importantes en el gobierno federal, lo cual se expresó en políticas de mano dura en materia de seguridad y en la flexibilización del acceso de civiles a las armas de fuego, impulsada por el lobby pro armas. Biblia puesto que distintas iglesias evangélicas sumaron su apoyo a Bolsonaro tanto en la búsqueda por impulsar una agenda política conservadora como por la cercanía de algunos de sus líderes, como Silas Malafaia (Assembleia de Deus Vitória em Cristo) o Edir Macedo (Igreja Universal do Reino de Deus). Finalmente, buey, por el apoyo al agronegocio, que incluye la producción de soya, carne, algodón y otros productos en el centro-oeste brasileño (donde también ganó Flávio Bolsonaro el 4 de octubre). A esos pilares se sumó una agenda económica neoliberal, de corte privatizador, encabezada por el ministro de Economía Paulo Guedes. El agronegocio es uno de los principales motores económicos de Brasil y encuentra en China a su socio comercial más importante, lo cual resulta paradójico si se toma en cuenta que la familia Bolsonaro busca alinear a su país con la otra superpotencia del momento: los Estados Unidos.

Lula es originario de Pernambuco, en el noreste, cuya realidad conoce desde la infancia y donde encuentra su base electoral más extensa. Su último gobierno continuó apoyándose en las bases sindicales del PT y en el apoyo popular, especialmente entre los sectores informales, por medio de programas sociales como Bolsa Familia. Además, junto con su vicepresidente Geraldo Alckmin —quien ha fungido como intermediario ante el empresariado de São Paulo— impulsa el programa Nova Indústria para favorecer la reindustrialización de Brasil en áreas tecnológicas de punta, empleando energías renovables. Su gobierno se acerca al ideal neodesarrollista, que combina estabilidad macroeconómica con intervención estatal en áreas estratégicas. Por otro lado, la política exterior del gobierno de Lula se ha inclinado por el multilateralismo, aunque en la práctica sus relaciones han sido más tersas con China que con el gobierno de Trump, al cual ha señalado por interferir en el actual proceso electoral en su país. La tensión llegó a tal punto que, en agosto de 2026, Washington revocó la visa de la embajadora brasileña, días después de que Brasil negara visas a dos funcionarios estadounidenses a quienes la prensa vinculó con un plan para poner en entredicho la confiabilidad del sistema electoral.

La próxima batalla

En la primera vuelta, la distancia entre Lula y Flávio fue de poco más de dos millones de votos, la más reducida para un primer turno en la historia de la democracia en Brasil. Otros tres candidatos, que superaron el 1% de la votación cada uno —Augusto Cury, Renan Santos y Ronaldo Caiado—, acumulan en conjunto más de ocho millones de votos. Tan sólo los votos nulos y en blanco suman más de cinco millones, mientras que la abstención supera los 33 millones en todo el país. Es decir, aunque las encuestas favorecen a Flávio —el 14 de octubre, Quaest le daba 46% de las intenciones de voto frente a 44% de Lula, una diferencia dentro del margen de error—, hay en los hechos una bolsa de más de 48 millones de electores que no se decantaron por ninguno de los dos punteros en el primer turno. No obstante, movilizar en tan poco tiempo a millones de ciudadanos con escaso o nulo interés en la política se percibe desafiante (cuando no imposible).

Es posible que, ante las encuestas que daban la ventaja a Lula en la primera vuelta, votantes de Cury, Santos y Caiado hayan decidido favorecer a Flávio. En todo caso, no todos los votos recibidos por estos candidatos se transferirían en automático a Lula en la segunda vuelta. Durante los últimos días, la campaña de Lula ha arreciado tanto en redes sociales como en las calles, con concentraciones masivas en puntos simbólicos y estratégicos del país. Con todo, aunque Lula lograra la hazaña de vencer a Flávio, tendría que gobernar con un sistema político empantanado, en el que debería negociar con un Centrão encogido para tener un mínimo de estabilidad, y frente a una derecha que ha venido creciendo durante las últimas elecciones. El orden político brasileño atraviesa un auténtico movimiento tectónico: la derecha avanza, el Centrão se hunde y posiblemente veremos una polarización cada vez mayor entre derecha e izquierda en los próximos años. ¿Será posible que aquel nordestino que nació en la pobreza, que migró a São Paulo para convertirse en líder sindical, que perdió la presidencia tres veces y que luego se convertiría en el máximo líder de Brasil durante tres mandatos pueda remontar la desventaja y dar la verdadera sorpresa de octubre?

Carlos Escalera. Candidato a doctor en Ciencia Política por El Colegio de México. Investiga temas de geopolítica, élites y captura corporativa en América Latina.
@KarlosSkalera

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