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Daniel Ortega, dictador sin fachada

En Nicaragua ya no había democracia, pero Daniel Ortega dio un paso más en la consolidación de su dictadura al cancelar las elecciones.

Se terminó con la simulación y el efecto fachada, donde se realizaban votaciones, pero los aspirantes opositores eran descalificados o encarcelados y solo se admitían a paleros del régimen.

Ya ni eso ocurrirá, porque el presidente nicaragüense sostiene que no permitirá que tomen el poder partidos aliados o promovidos por los yaquis.

La supuesta o real amenaza extranjera siempre es una de las coartadas de los regímenes autoritarios.

Lo de Nicaragua, aunque es una caída prolongada en el tiempo, no deja de ser un ejemplo de cómo movimientos sociales que surgen como una esperanza terminan convertidos en una pesadilla.

El 19 de julio de 1979 cayó la dictadura que mantenía en el poder a Anastasio Somoza. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) se convirtió en un referente a nivel continental.

El contexto era el de la guerra fría, pero existían elementos para pensar que los sandinistas podrían salirse del eje de influencia de la Unión Soviética y de Cuba, para que se instaurara una democracia.

Por un tiempo fue así, inclusive de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional se pudo transitar, con el tiempo, a un régimen en el que existió la alternancia política.

En 1984 se realizaron elecciones, que ganó Daniel Ortega, pero en las que no participó la oposición porque consideró que no existían las garantías indispensables.

En 1990, Violeta Barrios triunfó, desplazando al FSLN, pero desde 2007 Ortega se encuentra en el poder y pretende establecer una surte de relevo autoritario dinástico. 

¿Cuándo se pudren las revoluciones? Por regla general cuando el poder se convierte en la meta, desplazando proyectos.

También ocurre en lo que respecta a la democracia, porque las corrientes radicales son las que avanzan, desplazando a sectores moderados, esos sí comprometidos con el respeto a la legalidad y la pluralidad.

Ortega resiste porque Nicaragua no es una prioridad para los países democráticos. Dejan que la dictadura avance, porque creen que no les afecta.

Estamos hablando de situaciones extremas, pero por ahí inician, también, desplazamientos telúricos de pronósticos más que inciertos.

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