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Bienvenidos al caos

Cuando muchos pensamos que aquella frase dicha por Andrés Manuel López Obrador relativa a la ley  (“No me vengan con ese cuento de que la ley es la ley”) era una burrada más del tabasqueño y un despropósito jurídico, lo dicho por la presidenta Claudia Sheinbaum hace unos días no tiene ni pies ni cabeza.

En uno de sus tantos regaños en público (que tanto le fascinan a doña Claudia) y durante un recorrido por Tulum, ésta regañó públicamente al titular de Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) por un conflicto con prestadores de servicios turísticos. Sheinbaum le soltó la siguiente instrucción presidencial: (textual y grabado en vídeo) “Hay que gobernar con sentido común y para la gente. Cuando la norma se pone por encima de la gente y el sentido común, está mal; no cumplas con la norma, eso es lo que te estoy diciendo”.

Esa frase sería inocua en voz de otras personas, pero siendo una instrucción pública de quien (se supone) está en el timón de ese barco llamado México, resulta una barbaridad. Una norma o ley puede ser absurda, irracional o errática (que las hay en el marco jurídico vigente) pero en ese caso hay que legislar en la materia. Lo que Sheinbaum hizo es invitar a los servidores públicos a conducir sus responsabilidades por la vía de un discrecional criterio personal del “sentido común” y, lo peor, es que podrán desacatar la norma jurídica correspondiente argumentando la orden presidencial de marras.

Puedo entender que nuestra presidenta (autora de una sesudísima tesis de licenciatura sobre estufas domésticas de leña para uso rural) desconozca muchos aspectos del derecho (no es abogada). Lo que resulta imperdonable es que quien juró en su toma de protesta presidencial (“Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen…) invite a hacer de lado la normatividad vigente para sustituirla por criterios personales. Lo anterior muestra el talante tiránico de Sheinbaum que considera que está por encima de toda la ley y que tiene derecho a toda clase de discrecionalidades en materia jurídica, por el simple hecho de ser la titular del Poder Ejecutivo. Es la sacrosanta y todopoderosa voluntad presidencial por encima del Estado de derecho. Vaya pues.

“…no cumplas con la norma, eso es lo que te estoy diciendo”. Está es la lapidaria instrucción presidencial. Si a eso se suman las burradas que se están produciendo en la “renovada” Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) con los ministros “electos” en un proceso ilegal, absurdo, corrupto y plagado de irregularidades. La sola figura y los desfiguros del presidente de la Corte, y las demostraciones constantes de inmensa ignorancia jurídica por parte de algunos de esos ministros, (varios de ellos graduados en Derecho en “academias patito”) es el caldo de cultivo idóneo para el caos jurídico, para la cínica discrecionalidad en la aplicación de la ley en nuestro país, para la desconfianza por parte de los inversionistas y para que cada quien haga lo que le venga en gana.

Y precisamente Sheinbaum está haciendo gala de su personal discrecionalidad presidencial. Por un lado, protege férreamente al gobernador de Sinaloa, Rocha Moya, y demás narcopolíticos de su partido acusados por la fiscalía de Nueva York por delitos relativos al narcotráfico. Por el otro, mantiene preso (por delitos que no cometió) al exgobernador de Baja California Ernesto Ruffo, luego de que este hombre de 74 años, con salud precaria, fuese detenido ilegalmente, esposado y enviado a una cárcel de máxima seguridad, negándole en todo momento el debido proceso. Hoy, Ernesto Ruffo es preso político de la tiranía de Sheinbaum. Bienvenidos al caos…

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