La esposa del expresidente López Obrador, que tanto daño hizo a las relaciones con España, ya juró lealtad a la Corona de los que “nos invadieron”.
En el acta que recibió Beatriz Gutiérrez se asienta que “prestó juramento/promesa de fidelidad al rey y de obediencia a la Constitución y a las leyes”.
Así fue el sometimiento de Beatriz Gutiérrez al rey de España, al que había exigido que pidiera perdón públicamente por los crímenes de los conquistadores hace más de 500 años.
En una gira por Europa, Beatriz Gutiérrez también fue a reclamar a Austria la devolución del penacho de Moctezuma, que se encuentra en el Museo de Etnología de Viena, donde los ciudadanos mexicanos pueden entrar gratis.
Resulta comprensible que Beatriz Gutiérrez quiera vivir fuera del país y acompañar a su hijo, injustamente molestado por los desplantes demagógicos de su padre o la altivez agresiva de su madre.
Pero ella fue una de las importantes promotoras del clima de polarización que se vive en México y ahora le quema la cara.
Beatriz Gutiérrez fue la cabeza de una banda de odiadores que, con pretensiones de historiadores, escritores o periodistas, le hicieron la vida difícil a los que en sus columnas y artículos advertían sobre la destrucción que realizaba el presidente.
Hubo quien debió salir del país por criticar el autoritarismo avinagrado con que Beatriz Gutiérrez trató a quien le pidió que atendiera a los padres de niños con cáncer, que carecían de medicinas.
“No soy médico, a lo mejor usted sí. Ande, ayúdelos”, respondió.
Así se ganó la antipatía hacia su persona.
Fue un motivo similar por el cual María Antonieta fue llamada, con exageración, "la gran arpía", cuando dijo a las mujeres francesas que si no tenían pan que comieran pasteles.
Lo de María Antonieta fue un invento de los historiadores y de la vox populi, pero lo de Beatriz Gutiérrez fue real.
Y el año pasado tramitó la nacionalidad española con lujo de influyentismo, narró al detalle el diario madrileño The Objective, y la obtuvo.
Muy bien, es su derecho tener otra nacionalidad e irse a vivir donde quiera o donde pueda. Pero ¿por qué a España?
Ella y AMLO mostraron a los españoles como culpables de “genocidio” y otras barbaridades, por las que tenían que pedirnos perdón.
Y resulta que a dos años de haber dejado Palacio Nacional la señora ya es española.
¿Ella se disculpará con los mexicanos, en nombre de Su Majestad y de sus antepasados Gutiérrez?
Todo es ridículo y producto de la hipocresía del obradorismo.
Un aliento parecido tiene la reforma constitucional que promovió la presidenta Sheinbaum y su mayoría espuria en el Congreso.
Prohibió ser gobernador o presidente de México a quienes tengan doble nacionalidad, aunque sean mexicanos por nacimiento. Son potenciales "traidores a la patria".
Y el miércoles se congratularon por el triunfo de los próximos gobernadores de Texas y California, dos brillantes mexicoamericanos.
De hipocresía y de pequeñez hablamos.
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