La primicia y la disputa. La fuerza de reacción del crimen ‘ganó la nota’ del golpe más espectacular contra los cárteles en décadas. Dio la primicia con sus mensajes de bloqueos, tiroteos, cadáveres en la vía pública, proliferación de imágenes bélicas, incendios de vehículos y gasolineras, caos y cierres de aeropuertos y de carreteras, suspensión de corridas de autobuses, confusión general y cataratas de rumores y fotos y videos falsificados y otras zonas oscuras. Las fuerzas de seguridad no acertaban, al parecer, a acordar con sus respectivas superioridades cómo informar lo que hicieron o estaban haciendo o estaban provocando. O no lo sabían a ciencia cierta. La presidenta, en gira por Coahuila, dijo que ya informaría de los hechos el gabinete de seguridad.
¿Y Harfuch? Vinieron primero las filtraciones de que el jaleo se debía al abatimiento del principal líder criminal del país (El Mencho). Luego, la disputa interna por el mérito del golpe, con el comunicado oficial de la Defensa distribuyendo medallas, primero a esa dependencia y luego a su Centro Nacional de Inteligencia, la Fiscalía General de la República, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional, con el significativo detalle de la exclusión de la Secretaría de Seguridad de García Harfuch. ¿Producto de las luchas de poder del grupo gobernante? O, aún más trascendente: ¿el tema fue clasificado como de seguridad nacional, en guerra con una organización terrorista trasnacional?
Que venga Netflix. Porque luego vino la disputa externa por el mérito del golpe. Un mensaje en inglés que el periodista Roberto Rock descartó oportunamente como ‘fake’ atribuía la dirección del operativo a fuerzas estadunidenses. El boletín de la defensa redujo esa participación ‘información complementaria, y la secretaría de Seguridad doméstica de EU habló de operación conjunta. Ya Netflix iluminará las zonas oscuras de estos hechos reales con modificaciones para fines dramáticos.
