Christian Mendoza
De hecho, la máquina ya forma parte de los procesos artísticos desde la segunda mitad del siglo XX. La historia del arte ya ha dado antecedentes del prompt y de la automatización. Un par de ejemplos canónicos: las detalladas instrucciones que Sol Lewitt concibió para sus dibujos murales, los cuales eran ejecutados por otras personas; los instrumentos de Joe Jones, que podían producir sonido sin mediación de ningún intérprete. Incluso, algunos artistas se han involucrado en la construcción de máquinas: Wendy Carlos desarrolló, junto al ingeniero Robert Moog, el sintetizador Moog. La literatura también ha propuesto que el escritor sea un mero agente que organice información previamente dada. ¿Acaso no la técnica del cut-up es un prototipo de los modelos generativos de texto? Algunas vanguardias occidentales utilizaron el periódico —una tecnología de reproducción en masa— como una fuente de producción poética, recortando de manera aleatoria encabezados y fragmentos de texto para que, mediante la libre asociación, dieran como resultado poemas. La poesía, el último reducto del arte como la expresión más personal e íntima de los sentimientos, ha sido asediada por la posibilidad de que la máquina pueda dar materiales líricos tan buenos a los autores como las montañas y los amaneceres.
La obra que recibió el Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat fue acusada de ser producida por una máquina. El diario El País asentó las evidencias en su reportaje: ellos mismos pudieron comprobar, a través de una inteligencia artificial (IA) llamada Pangram, que la novela Donde trabaja el agua, del peruano David Silva Rojas, estaba escrita en un 99% por otra IA. Si bien las metodologías periodísticas del periódico son cuestionables, considero que es más importante la discusión que activó que lo que considero una falsa noticia: la angustia de los lectores ante la idea de que, con un solo clic, una IA pueda determinar que una novela entera está escrita por una IA. Son las máquinas las que pronuncian el veredicto de si las máquinas son las responsables de la producción de la estética.
Esto, por supuesto, genera una incertidumbre a los lectores: ¿acaso no somos los humanos los que debemos tener una opinión? Pero más preocupante: esa angustia de vernos relegados de toda posibilidad de interpretar si un texto está escrito o no por una IA nos lleva a solicitar que el arte esté hecho desde las penumbras más íntimas del alma. Para defender la estética de las máquinas, hay que poner a los artistas a experimentar emociones.
Estoy de acuerdo con lo que Juan Francisco Herrerías concluye en su columna publicada por La Tempestad el pasado 27 de octubre: “Hay que preguntarnos si no resulta siempre mediocre el arte de la máquina, cuando lo percibimos con atención, y si por ello no puede reemplazar sino a los otros artistas de esa misma categoría”. Si equiparamos el arte con las emociones, debemos contemplar que los dibujos de Lewitt o los experimentos con periódicos del dadaísmo no resultan meros divertimentos: son piezas que cambiaron los paradigmas de la enunciación estética y que albergan —permítaseme la expresión— una innegable belleza. En esa misma columna, Herrerías parafraseaba a Ricardo Piglia: “lo realmente urgente no son los artistas de vanguardia sino los públicos de vanguardia”. Y yo añadiría: la crítica de vanguardia. Tal vez debemos integrar las máquinas a nuestras interpretaciones y ser nosotros los que decidamos si una obra producida por IA es más bien un bodrio o todo lo contrario: si al margen de los amarillismos, la novela Donde trabaja el agua es un texto con cualidades y recursos que la vuelven digna de nuestra atención.
Es posible. Se siguen escribiendo reseñas. Incluso cada tanto se abren nuevas cuentas de Instagram y TikTok dedicadas a las reseñas de libros. Aun algunos de los conductores de esas cuentas escriben guiones que buscan enunciar juicios más rigurosos que el adjetivo fácil. Que las falsas noticias nos permitan tener discusiones más interesantes.
*Christian Mendoza. Doctorante en Literatura Hispánica por El Colegio de México. Escribe sobre literatura, cine y artes.
@ChClumsy
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