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Información para decidir con libertad

¿Qué tiene que suceder?

Una de las mentes más lúcidas que conozco me planteó hace dos días un punto de vista sumamente interesante, según el cual, vivimos en una sociedad anestesiada que permite –inexplicablemente– a su gobierno toda clase de despropósitos; fraudes multimillonarios; cínicos engaños públicos; corruptelas por doquier; mentiras diarias; obras faraónicas fallidas; asociación, protección y complicidad con grupos criminales, por citar solo algunos ejemplos. 

Lo más grave de esa permisividad ciudadana es que, en cada caso, no pasa nada, repito, no pasa absolutamente nada. Durante pocos días será escándalo mediático y luego… no pasará nada, porque vendrá otro escándalo, en una interminable carrera de relevos. En cada uno de ellos, no se producen investigaciones de fondo, no se fincan denuncias formales ni detenciones. Repito una vez más: no pasa nada. 

Lo anterior es retrato de una sociedad aburrida, abúlica, con poco o nulo interés por las cuestiones públicas (que deberían ser de interés de todos). Una comunidad de votantes, pero con escasa o nula actitud cívica y protesta democrática frente a esas autoridades irresponsables. Una sociedad buena para el desmadre, pero pésima en su calidad ciudadana.

Lo que la sociedad mexicana le ha tolerado a su gobierno, en otras naciones no se lo hubieran permitido ni un día. Imaginemos que en otro país (con un régimen democrático sólido, separación de poderes y un Estado de derecho eficiente) sucediera un megamultimillonario fraude como el de Segalmex. En esa nación se producirían protestas hasta lograr la dimisión del titular del Poder Ejecutivo. En México no pasó más que unas detenciones menores. El botín no ha sido recuperado.

Ninguna nación plenamente democrática tampoco le permitiría a su gobierno cientos de miles de homicidios dolosos, una impunidad criminal del 90% y, mucho menos, le toleraría una grave complicidad con el crimen organizado. En esa nación no se permitiría tal despropósito. En México no sucede nada, los delincuentes andan a sus anchas, controlan grandes porciones del territorio nacional y la Sra. Sheinbaum, vocera de AMLO sigue culpando al pasado del desastre nacional en materia de seguridad. La violencia por doquier, es escándalo de un día y, a fin de cuentas…no pasa nada.

En 1995, se detonó en Suecia un escándalo denominado el “Caso Toblerone”. Resulta que la Viceprimera Ministra sueca, Mona Ingeborg Sahlin se vio obligada a dimitir a su cargo luego de que se descubriera que había utilizado indebidamente su tarjeta de crédito oficial para compras personales, concretamente… ¡dos barras de chocolate Toblerone, un paquete de pañales y tabaco! Lo que resulta llamativo es que el monto económico no fue el factor determinante que detonó la dimisión, sino el hecho del uso indebido de recursos públicos, sin importar la cuantía. Sólo eso. En Suecia tienen mecanismos de transparencia en el ejercicio del dinero público que permite a cualquier ciudadano pedir toda clase de información al respecto. En nuestro país, los escándalos de lujos y excentricidades de los funcionarios de la 4T, de sus hijos y sus familiares son de un cinismo excepcional. Recordemos que AMLO y la Sra. Sheinbaum, vocera de AMLO se encargaron de desaparecer todos los mecanismos por los que la ciudadanía podía tener acceso a la información pública gubernamental. Desde entonces, la corrupción gubernamental y el despilfarro son galopantes y por lo mismo… en México no sucede nada.

Mi sabio consejero con el que hablé hace dos días me planteó la más seria de las preguntas: ¿Qué carajos tiene que suceder en México para que la sociedad reaccione ante tanta barbaridad?  Puff…

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