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Fuera todos

Morena se apropió del INE para destruir la democracia, y no va a nombrar en la presidencia del instituto a una persona que no se deje manejar.

Los contrapesos del poder en el presente régimen deben ser como el presidente de la Corte o la presidenta de la Comisión de los Derechos Humanos.

Eso era Guadalupe Taddei, pero le pasó lo que a Juanito. Creyó que el poder era suyo.

Si la idea fuese devolver la credibilidad en el árbitro electoral, habría que sustituir a todos los consejeros y designar por consenso en la Cámara de Diputados a los nuevos integrantes del Consejo General.

Tal vez hay algunos consejeros honestos, pero mientras una fiscalía independiente audita y deslinda responsabilidades deben apartarse del cargo. Todos.

Sería lo obvio, pero Morena no destruyó a la institución para rehacerla unos años después.

A Guadalupe Taddei la quitaron del cargo por desleal a la presidenta y no por sus escándalos, de los cuales ya había información firme desde hace más de un año.

Los gobiernos de Morena han dado elementos de sobra para que entendamos que su lucha no es por una administración pública honesta. No tiene sentido llenar párrafos con ejemplos por todos conocidos.

El Instituto Nacional Electoral fue convertido en un poderoso núcleo de la delincuencia organizada, donde fluían el dispendio, la corrupción y los favores al régimen.

No solo Taddei y el contratista Alfredo Hernández festejaban juntos, sino también otros contratistas del INE eran partícipes de los jolgorios entre el poder público y el poder privado.

Eso es Morena. Un conglomerado delictivo entre instituciones, gobiernos estatales, empresarios y delincuencia organizada.

Ahí está, en el INE, la mejor (y quizá la más triste) metáfora de lo que realmente es Morena.

Los consejeros electorales alineados a Morena, encabezados por Guadalupe Taddei, se robaron la voluntad popular en 2024 y le regalaron a la coalición gobernante 20 puntos de sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados.

Taddei pudo hacer lo que quiso después de ese robo. Manos libres y oídos sordos fue su pago.

Ella centralizó el poder de decisión dentro del instituto, los nombramientos, y en consecuencia las asignaciones de contratos.

Ahora vemos que esa estructura del INE no era otra cosa que delincuencia organizada.

¿Y quién le dio tal poder a Guadalupe Taddei?

El poder se lo dio el Tribunal Electoral de la Federación, que había sido su cómplice en el robo de 20 puntos porcentuales a la oposición, para que Morena y aliados tuvieran mayoría calificada y cambiaran la Constitución a su conveniencia, como en efecto lo hicieron.

Con esa mayoría obtenida mediante el robo, Morena pudo destruir el Poder Judicial y desaparecer organismos autónomos.

Todo el proceso de destrucción del Estado (así lo llamó con su acostumbrada exactitud José Carreño Carlón en La Aurora), que hemos vivido en dos años, tiene como base el robo perpetrado por el INE de Taddei a la oposición.

Guadalupe Taddei se sintió intocable, perdió el piso y quiso entrar, con la espada desenvainada, al pleito adelantado por la sucesión presidencial en favor de la jefa de Gobierno.

Rebasó una línea roja y le pasó lo que a otros personajes de la historia (los estalinistas saben de esas cosas).

Así es que veremos, muy pronto, que los cambios en el INE serán para que todo siga igual.

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