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El valor de sentirnos seguros

Hay cosas que comenzamos a valorar de manera distinta cuando nos convertimos en madres. La tranquilidad es una de ellas. Soy madre soltera y tengo una niña de seis años que está creciendo en Saltillo. Como cualquier mamá, pienso en su futuro, en las oportunidades que tendrá, en la educación que recibirá y, sobre todo, en el entorno en el que está creciendo. Quiero que pueda disfrutar su infancia, salir a jugar, conocer su ciudad y vivir experiencias que construyan recuerdos felices. Y para todo eso hay algo que muchas veces damos por sentado, pero que en buena parte de nuestro país no es una realidad: sentirnos seguros.

Esta semana, los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI colocaron nuevamente a Saltillo como la capital estatal con menor percepción de inseguridad de México. Mientras a nivel nacional el 58.1 por ciento de los habitantes de las ciudades evaluadas considera inseguro vivir en su localidad, en Saltillo ese porcentaje es de 24.7 por ciento. Son cifras importantes, pero detrás de ellas hay mucho más que estadísticas. Hay familias que salen a disfrutar los parques, niños que crecen en sus colonias, mujeres que se trasladan a sus trabajos y padres que desean tener la tranquilidad de que sus hijos regresarán a casa.

Por supuesto que ningún lugar está exento de riesgos y que la seguridad es una tarea permanente. Reconocer lo que hemos construido en Saltillo no significa ignorar lo que todavía falta por hacer. Significa entender el enorme valor de vivir en una ciudad donde la tranquilidad forma parte de nuestra vida cotidiana. También significa reconocer que estos resultados requieren del esfuerzo constante de las autoridades, de sus instituciones y de una sociedad que participa en el cuidado de su entorno. La seguridad no solamente permite atraer inversiones, generar empleos o fortalecer la economía; también nos da algo mucho más personal: la libertad de vivir nuestros días sin que el miedo determine cada una de nuestras decisiones.

A veces pienso en la ciudad que mi hija recordará cuando sea mayor. En sus primeros paseos, en las tardes de juego, en los lugares que forman parte de su infancia. Me gustaría que creciera sabiendo que sentirse segura es un derecho, no un privilegio, y que nunca tuviera que acostumbrarse a vivir con miedo. Hoy Saltillo tiene motivos para sentirse orgulloso, pero también una enorme responsabilidad: cuidar esa tranquilidad que tanto significa para quienes vivimos aquí. Porque al final, cuando hablamos de seguridad, no hablamos solamente de cifras ni de lugares en una clasificación. Hablamos de la posibilidad de vivir, de crecer y de criar a nuestros hijos con confianza en el lugar que llamamos hogar.

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