Cerré mi colaboración de la semana pasada afirmando que el agua puerca en Guadalajara coloca a las autoridades ante dos caminos: buscar culpables en el pasado y limitarse a administrar la crisis, o bien aprovechar la coyuntura para cambiar el paradigma hídrico de la ciudad y convertirse en un modelo de gestión integral del agua.
Esta semana vimos señales de que el primero de esos caminos quedó descartado. Los gobiernos federal y estatal dejaron los reproches mutuos, y comprometieron cuantiosas inversiones para obras de corto, mediano y largo plazo. Adicionalmente, el gobierno del estado convocó a decenas de instituciones académicas, expertos y organizaciones civiles a un "Diálogo por el Agua en Jalisco", donde se abrió la discusión pública y se empezó a revisar una propuesta de hoja de ruta a 20 años.
Estas son sin duda buenas noticias y se debe reconocer que, ante la gravedad de la crisis, todas las partes parecen haber entendido que el problema sólo podrá ser resuelto con un enfoque de responsabilidad compartida.
Sin embargo, descartar la primera vía no significa que se esté tomando la segunda; es decir, la de aprovechar la coyuntura para cambiar el modelo hídrico insustentable que provocó el problema.
En una de mis colaboraciones anteriores (‘De qué están hechos los problemas públicos’, 13 de marzo de 2026) apunté que no son lo mismo problema y problemática: “La diferencia es clave: mientras un problema es una situación concreta que impide lograr algo, una problemática es una trama compleja formada por varios problemas relacionados entre sí, que generan tensiones y conforman un fenómeno multifactorial”, escribí entonces.
Bajo esta óptica, en la situación que atraviesa Guadalajara, el problema es la coyuntura del agua puerca y el desabasto que hoy irrita a miles de hogares tapatíos. Si los gobiernos logran limpiar los grifos y restablecer el flujo, habrán resuelto el problema, cumplirán con su deber esencial y la ciudad volverá a la normalidad.
Lo anterior sería un logro necesario, pero insuficiente, pues no resuelve la problemática: la manera insostenible en que Guadalajara se relaciona con el agua. Se trata de un fenómeno sistémico que ningún grupo de expertos o gobierno van a resolver por sí solos, y que comprende la extracción desmedida que ahoga al Lago de Chapala, la contaminación y sobreexplotación del acuífero, y el hecho de que hasta el 50% del agua inyectada a la red se pierda en fugas.
Convencido de que, si queremos un México del que podamos sentirnos orgullosos, debemos apuntar alto, hago un llamado al gobierno del estado, a las autoridades municipales y a las organizaciones participantes a no trabajar para volver a una normalidad insustentable, sino para aprovechar la oportunidad de reconfigurarla: cambiar la cultura actual de gestión, uso y consumo del agua por una que sea un ejemplo para el mundo. Esto verdaderamente resolvería la problemática y sentaría el precedente de que un cambio de proporciones históricas, como el que demandan Guadalajara y nuestro país, es posible.
(Continuará…)
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