Partiendo de la idea de que los problemas públicos de una comunidad no existen per se, sino que en gran medida son producto de los comportamientos generalizados de quienes la integran, hace unos meses compartí en este espacio una propuesta de método para resolverlos mediante la acción colaborativa del gobierno y la sociedad.
Señalé que hay momentos —los llamo "momentos brindis"— en los que una sociedad dispersa fija su atención en un problema específico. Expliqué que, para convocar a la ciudadanía a involucrarse en su solución, es necesario propiciar —o bien aprovechar— uno de esos momentos, a fin de asegurar que, informada sobre la existencia del problema y sensibilizada sobre su gravedad, responda positivamente al llamado a participar.
Hay situaciones que, por su gravedad intrínseca y porque afectan a la mayoría de la población, resultan especialmente propicias para estos llamados. “Pensemos en la escasez de agua (…) nos la estamos terminando y quienes no tienen acceso a ella son cada vez más. Sin embargo, el efecto de estas alarmas ha sido muy modesto. Pero ¿y si el llamado a la acción se hiciera en una situación como la que se vivió en Monterrey en 2022, cuando la ciudad llegó al día cero?”, escribí en junio.
En situaciones así, cuando una realidad dolorosa se impone, la conciencia colectiva despierta y puede impulsarnos a dejar la apatía. Sin embargo, para que esa energía se traduzca en soluciones reales se necesitan dos cosas: una convocatoria amplia, y un liderazgo genuino y riguroso.
Hoy, no es Monterrey sino Guadalajara la que atraviesa un "momento brindis". La atención social está centrada en el agua, pues de un tiempo para acá se ha convertido en una fuente constante de inconvenientes y molestias diarias para muchos de los hogares de la ciudad.
Como era de esperarse, estas molestias han devenido en reclamos ciudadanos que amenazan con desbordar a las autoridades locales ante la dificultad que representa resolver el problema de manera rápida y satisfactoria.
Ante ello, los gobiernos con competencia en el tema tienen dos caminos: el primero —elegido inicialmente por la presidenta y el gobernador— consiste en “echarse la bolita” y buscar culpables en el pasado, mientras operan soluciones coyunturales que reduzcan la presión, eviten facturas electorales y permitan patear el problema hacia el futuro.
El segundo camino (que me atrevo a proponer en mi calidad de cuasi-tapatío en el exilio) no atiende lo coyuntural sino lo estructural y requiere más tiempo, más recursos, así como mayor determinación y capacidad de gestión. Este camino consiste en utilizar la crisis actual como detonante para cambiar el paradigma del agua en Guadalajara, de explotación indiscriminada a gestión sustentable.
El reto es titánico, pero Guadalajara no puede aspirar a menos. Siendo hoy la meca tecnológica del país, la ciudad no puede pretender sostener su desarrollo con un modelo hídrico viejo e insostenible. La capital tapatía tiene ante sí la oportunidad histórica de convertirse en una metrópoli modelo a nivel mundial en la gestión integral del agua.
(Continuará…)
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