Andrea S. Chávez
Varias fotografías de llaveros en hilera conforman Au cas où #2 (2024), la obra del artista Taysir Batniji que abre la exposición “Patrimonios en Resistencia: de Tombuctú a Odesa”, en el museo de la Ciudad de la Arquitectura y el Patrimonio, en París. Las llaves pertenecen a personas desplazadas de Gaza cuyas viviendas fueron destruidas o dañadas por los bombardeos israelíes.

Taysir Batniji, Just in Case #2, 253 impresiones sobre papel, lápiz sobre pared, 21 x 29.7 cm c/u, 2024.
La exposición aborda los conflictos armados en Irak, Sudán, Siria, Gaza, Ucrania, entre otros territorios. El recorrido se organiza en tres núcleos: Borrar, Resistir y Restaurar. A través de mapas, fotografías, réplicas digitales y obras de arte contemporáneo, se examina la destrucción patrimonial de monumentos y ciudades, las iniciativas para preservar la memoria y las posibilidades de reconstrucción material y social.
Los tres núcleos proponen una lectura transversal de la destrucción, las respuestas que suscita y las posibilidades de reconstrucción. Sin embargo, al reunir conflictos de contextos históricos y políticos distintos bajo una misma estructura narrativa, la exposición exige preguntarse: ¿hasta qué punto esta mirada comparativa permite comprender las condiciones particulares que producen cada destrucción?
La exposición documenta los daños, cuantifica las pérdidas y reúne iniciativas de resistencia y reparación, pero mantiene distancia de las relaciones de poder que los generan. Aunque ese marco permite reconocer la dimensión colectiva de la pérdida, ahí yace una de las tensiones que atraviesan la conservación patrimonial: documentar la destrucción no equivale necesariamente a explicar la violencia que la hace posible.
La sección dedicada a Gaza es un ejemplo de esta limitación. El texto comienza con los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior intervención militar israelí, pero no aborda la Nakba de 1948, ni desarrolla la historia del desplazamiento palestino o las políticas de segregación. Tampoco califica como genocidio la violencia que describe, pese a que una comisión independiente de investigación de la ONU concluyó en septiembre de 2025 que Israel había cometido tal delito en Gaza. Al presentar el caso sobe todo mediante cifras de destrucción y pérdida, el recorrido deja insuficientemente desarrolladas las condiciones históricas y políticas del territorio.
Esta falta de contextualización no se limita a Gaza. En el caso de Palmira, el recorrido menciona la destrucción de su patrimonio por parte del Estado Islámico; sin embargo, tampoco profundiza en las condiciones históricas y políticas que propiciaron su surgimiento ni en los motivos por los que convirtió el patrimonio en blanco de sus ataques. Ambos casos evidencian una misma limitación: la exposición identifica quién destruyó y qué fue destruido, pero apenas indaga en las razones y los proyectos políticos detrás de esa violencia. La destrucción patrimonial queda así presentada como un hecho documentable, separado de los procesos históricos que permitirían comprenderla.
La intención de reunir conflictos distintos bajo una misma narrativa termina, paradójicamente, por dificultar su comprensión. La comparación permite reconocer patrones, pero, sin una contextualización histórica suficiente, corre el riesgo de despolitizar aquello que pretende mostrar.
En su crítica, Olympe Lemut señala que la exposición no logra conciliar el equilibrio entre las dimensiones científica y la artística. Sin embargo, las obras de arte contemporáneo son precisamente uno de sus mayores aciertos. La pieza de Batniji me impactó de manera profunda: mediante un objeto ordinario, hace sensible la pérdida del hogar. Esas llaves remiten a personas palestinas desplazadas que las conservan como vestigios de una vivienda perdida y de la imposibilidad de regresar.
Frente a los muros saturados de viñetas, cifras y mapas que documentan la devastación, las obras de arte permiten aproximarse a sus consecuencias desde otra escala: la de la experiencia humana. La información evidencia la magnitud de la pérdida; las obras consiguen hacerla sensible. Sin ellas, la exposición quedaría reducida a un inventario de destrucciones.
*Andrea S. Chávez. Historiadora del arte y antropóloga urbana. Su trabajo explora las relaciones entre arquitectura, ciudad, patrimonio y memoria desde una perspectiva crítica. Escribe sobre cultura visual, espacio público y las formas en que habitamos el territorio.
@Andrea_Vez
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