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La oposición no debe pactar con el narco

Culiacán, Sin.- Siendo un solo organismo con Morena, el crimen organizado busca también a la oposición como opción para mantener ó acceder al poder político.

Cambiar, para que todo siga igual. Cambiar de diablo pero seguir en el infierno.

No es nuevo ni extraño. En los últimos dos años han sido detenidos, por vínculos con el crimen organizado, seis alcaldes de MC y cuatro de la alianza PRI-PAN.

“Es solo para que los candidatos opositores pueda recorrer los territorios controlados por el narco” pretextan los incitadores al pacto.

Eso implica que para hacer campaña adquirirán una deuda con grupos concretos de delincuentes que alguna vez reclamarán su pago. En esa esfera no se hacen favores, se hacen intercambios. Cuando no se les paga un saldo pendiente a los narcos suelen ser más violentos que cuando se entra a su territorio sin pedir permiso.

También implica que la población de esas zonas recibirá explícitamente el mensaje de que el candidato opositor tiene el permiso del crimen organizado, lo que es desolador para el electorado inconforme con Morena pues tendrá claro que hasta quien se presenta como alternativa al narcogobierno ya pactó y no romperá la gobernanza criminal. Se les cierra la puerta hacia una paz verdadera y una sociedad diferente.

También implica que el candidato opositor reconoce la gobernanza del grupo sobre un territorio. Le da legitimidad, que es un pésimo inicio de comportamiento ante el crimen organizado.

“Conmigo se van a portar bien” justifican.

El crimen organizado comete delitos porque es parte sustancial de su negocio, no son errores personales de comportamiento de algunos de sus miembros, es el sistema. Asesinan para conquistar nuevos territorios o para conservar los que tienen. Roban y extorsionan para obtener ingresos que además de ganancias les dan ingresos para sufragar los altos costos de operación, para comprar armamento y mantener bastos ejércitos.

La expansión empresarial y los conflictos internos no se dirimen en los juzgados sino mediante la violencia, la traición y los reagrupamientos de los carteles y grupos. Es un constante forcejeo. A ello se debe que los periodos de Pax narca sean tan quebradizos e inestables.

La realidad nos deja ver que las súplicas y gestiones de los políticos no detienen las guerras importantes. Si necesitan asesinar, lo van a hacer. Si necesitan robar y extorsionar, lo van a hacer.

Esperar que se “porten bien” es una ingenuidad o una perversidad. Está probado, lo podemos ver si no cerramos los ojos.

“Es necesario gobernar con ellos”, aducen como excusa.

El teórico mayor de esa posición se llama Rubén Rocha. Así le fue.

Los dos años, un mes y trece días de la crisis de Sinaloa demuestran que la mínima cohabitación con el crimen organizado en cualquier espacio que le corresponda al Estado detona el desgajamiento de la legalidad y de la convivencia democrática.

La narco sociedad sostiene una economía distorsionada que no premia la eficiencia sino la colusión (lo que explica 48 años con crecimiento menor al nacional) y aleja la inversión productiva y la creación de empleos.

Es verdad que es mucho muy redituable económicamente ser la pieza política (gobernador, diputado, alcalde, etc) de un narcogobierno que lave el rostro al pacto criminal. Que es más difícil encabezar un gobierno que se proponga la reconstrucción de Sinaloa como una sociedad pacífica y con una economía próspera y legal.

También es verdad que Rubén Rocha es muestra de que las piezas políticas son desechables, que el peligro inunda su cotidianidad y el deshonor es para toda la vida.

“La gente quiere vivir en una narco sociedad, no los ve mal” sostienen como coartada.

No es verdad. Solo 9 por ciento de la población de Culiacán quiere que la narcopandemia se solucione mediante el triunfo de un grupo que derrote a los contrarios y tome el control total, según la encuesta de la consultora Lexia.

La mayoría, 51 por ciento, quiere ley, no pacto.

Una determinación mayor es por no volver a la pax narca. El 70 por ciento responde a la encuesta, que los sinaloenses ya no deberíamos regresar al pasado, sino que deberíamos buscar una paz verdadera.

Si la población quisiera seguir teniendo un narco gobierno no habría bajado la votación de Morena de 56 por ciento en la votación en 2024 por Claudia Sheinbaum a 26 por ciento por Imelda Castro en la encuesta conque la designaron candidata. Tampoco sería la entidad con la menor aprobación presidencial según Mitofsky.

El crimen organizado perdió su base social a base de culiacanazos.

El mayor fracaso de este gobierno fue la inseguridad, el mayor éxito del próximo gobierno tiene que ser la seguridad.

Los sinaloenses identifican la causa de la inseguridad en la vinculación del gobierno con el crimen organizado. De lo contrario, seguiría Rocha.

La mayoría del electorado no está buscando más políticos vinculados con el narco. Los conformes con el narco gobierno están del lado de Morena.

La encuesta INDEMERC da 31 puntos a Morena, 11 al PRI, 11 al PAN, medio punto al PAS y 29 a los “no sabe”, “no quieren decir” y “ninguno”.

La forma de atraer ese voto que desconfía de Morena y de los partidos es ser una alternativa desvinculada del crimen organizado.

Los políticos suelen ser máquinas de poder que no se resisten a ninguna promesa de apoyo, solo creen en las viejas estructuras y no saben acercarse a la movilización social orgánica.

Los apoyos obscuros hasta foto exigen.

Sobre todo hay que tener claro que la prioridad es reconstruir Sinaloa, no solo tomar el lugar de Morena en un narcogobierno. La diferencia no debe ser solo el color del chaleco.

Para reconstruir Sinaloa es necesario romper el pacto criminal, no cambiar de firmantes.

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