Las rupturas en la política muchas veces se dan en las áreas de seguridad porque en ellas hay información y corrupción, una dupla que suele ser explosiva.
Por eso, uno de los puntos más álgidos en la relación de José López Portillo y Miguel de la Madrid fue el que tuvo que ver con el destino de Arturo Durazo Moreno, uno de los jefes policiacos más corruptos de la historia.
La renovación moral, una de las promesas de campaña de De la Madrid, se aplicó de modo tajante a Durazo Moreno, quien huyó del país, pero fue localizado en Puerto Rico en 1984 y extraditado en 1986 para enfrentar un proceso y sentencia por los delitos de extorsión, acopio de armas y enriquecimiento inexplicable. Salió de prisión en 1992.
Por estos días se anunció que lo que fue la mansión de Durazo Moreno, el jefe de la policía en el Distrito Federal de 1976 a 1982, se utilizará para una de las universidades Rosario Castellanos, aunque desde hace años ya estaba en el lugar la Academia Mexicana de Ciencias.
La propiedad mide 6.5 hectáreas y contaba con una caballeriza, galgódromo, ruedo taurino, cancha de tenis, sala de exposiciones de coches antiguos y dos lagos.
Se construyó utilizando mano de obra policiaca, ya que se obligaba a los uniformados a “colaborar” en la edificación de la residencia del jefe.
Durazo estableció en la Dirección General de Policía y Tránsito del DF todo un sistema de extorsión, en el que sus subordinados le tenían que entregar cantidades mensuales de dinero.
Los mandos policiales obtenían los recursos robando a la población.
José González González, quien fue ayudante y responsable de la escolta del jefe policiaco, escribió Lo negro del Negro Durazo. El libro se publicó en 1983 y armó un gran escándalo, porque detallaba las tropelías y corruptelas en la corporación de seguridad más grande del país.
Durazo Moreno llegó al cargo porque era amigo del presidente José López Portillo, aunque tenía ya experiencia como agente de la Dirección Federal de Seguridad.
Dio por hecho que su posición, de cercanía con Los Pinos, le permitiría hacerse rico y eso fue lo que hizo, sin miramiento ni ponderación alguna.
Pillo, como era, estableció acuerdos con los grupos criminales para controlarlos y utilizarlos.
Desde la Dirección Investigadora para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), al mando de Francisco Sahagún Baca, se estableció una red de control y chantaje, pero también de represión a la disidencia.
Sahagún Baca se esfumó cuando concluyó el sexenio de López Portillo y ya nunca se volvió a conocer su paradero.
Es correcto que se hagan escuelas en los predios del Negro Durazo: la memoria ayuda, pero tiene que estar complementada con acciones contra la impunidad en el presente.
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