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El periodismo como trinchera ante Trump

Martin Baron tuvo que hacerse cargo de una época llena de riesgos mientras fue director de The Washington Post.

Le tocó lidiar con un presidente, Donald Trump, que detestaba al diario y a su dueño, Jeff Bezos.

A los populistas de derecha y de izquierda les molesta el periodismo porque no quieren mediadores con la sociedad, pero sobre todo porque se empeñan en desmontar todas las instituciones, públicas o privadas, que signifiquen un control al poder.

Por ello, Trump desde su primer mandato arremetió contra los medios tradicionales y alentó propuestas propagandísticas, nada rigurosas, pero alineadas al discurso de romper con las élites y de debilitar la confianza.

Baron optó por una estrategia tradicional, pero al mismo tiempo arriesgada: hacer periodismo.

Eso hicieron y enfurecieron a la Casa Blanca, de donde salían injurias para acusar, sin pruebas y sin razón, que el Post era una herramienta de Amazon para apuntalar sus negocios.

El diario reportó y analizó las mentiras cotidianas de Trump, y se rebeló ante la posibilidad de que la realidad alternativa se afianzara en los comportamientos y en los juicios de los norteamericanos.

Pero Baron se cuidó de no alejarse de los parámetros profesionales, aunque todo se fuera derrumbando en los alrededores, por la furia de Trump contra los pilares de la democracia liberal.

El director del Post, entre 2011 y 2021,escribió: “La prensa no se hará ningún favor a sí misma, ni se lo hará a la democracia, si abandona lo que durante mucho tiempo han sido nuestros criterios fundamentales. Se han pisoteado muchas leyes del discurso cívico. Deberíamos conservar el nuestro”.

Esto lo señala en Frente al poder. Trump, Bezos y el Washington Post, un texto más que pertinente para entender las relaciones entre el periodismo y el poder.

Baron decidió contarnos cómo fueron sus días en la dirección de uno de los diarios más influyentes de Estados Unidos y del mundo. Lo hace con el rigor de los buenos reporteros, contrastando sus propios recuerdos para acercarse, lo más posible, a lo realmente ocurrido.

Retoma a Walter Lippmann y hace suya la siguiente premisa: “Estoy convencido de que conseguiremos más luchando por la verdad que luchando por nuestras teorías”.

Un periodista como Baron tampoco se engaña. La prensa juega sus cartas, y “estamos llamados a indagar la verdad sin miedo y compartir lo que sepamos clara, honesta, completa y directamente”.

Esa es la tarea, y “lo que ocurra después dependerá de lo que los americanos hagan con los hechos que hemos puesto sobre la mesa. El destino del país y de su democracia está en sus manos”.

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