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Información para decidir con libertad

Tres farsantes

Madrid.- Desde que AMLO y la presidenta Sheinbaum decidieron garantizar la impunidad del exgobernador de Morelos Cuauhtémoc Blanco, esa entidad ha sido ingobernable. Un caso más de los “abrazos” como complicidad criminal.

Esta semana, en el municipio de Totolapan en aquella entidad, un criminal (José David N, alias El Güero del Gym) perteneciente a la banda “Pueblo Unidos” fue detenido. La Fiscalía del Estado de Morelos procedió a liberarlo, a fin de rescatar a tres agentes secuestrados por ese grupo criminal tras la captura de su líder.

De manera inmediata, el gobierno federal, la presidenta Sheinbaum y el Secretario de Seguridad Pública federal Omar García Harfuch salieron a negar su participación en esa negociación, aunque justificaron la acción de liberar al delincuente.

Sheinbaum dijo (textual) “son decisiones que se toman para salvar vidas”. García Harfuch dijo que la liberación del individuo por parte de las autoridades morelenses fue (textual) “…para evitar una confrontación mayor con la población civil, había muchísima gente de civil en las calles”.

Vaya pues. Por lo visto, pasamos esta semana del “Culiacanazo”, (la famosa liberación de Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo en 2019) al “Morelazo” de esta semana. En ambos casos, la justificación fue “salvar vidas”.

Viene a mi memoria el caso (año 1997) del concejal español Miguel Angel Blanco, secuestrado por la banda terrorista vasca ETA, la cual amenazó al Gobierno de España con asesinarle (en un plazo de 48 horas) si no se cumplían sus exigencias de trasladar a la totalidad de los presos de ETA a cárceles ubicadas en el País Vasco. El Gobierno español decidió no ceder a las exigencias de los terroristas. Miguel Angel Blanco fue asesinado por los etarras de un tiro en la nuca. De inmediato, se produjo la manifestación pública más grande de la historia de España, en la que millones de españoles en todas la ciudades del país respaldaron la firmeza del gobierno de no ceder ante los asesinos y repudiaron, sin dudarlo, a esa banda terrorista. Quedó claro que el Estado no puede negociar ni debe ceder ante aquellos que tienen el dedo en el gatillo. Así de claro y contundente.

AMLO, Sheinbaum y García Harfuch no entienden que el Estado no puede capitular ante los delincuentes. El Estado no puede ni debe negociar jamás con los criminales, salvo en la única excepción que no es otra que la que vaya dirigida al cese de las operaciones criminales y a la desarticulación del grupo delictivo. El Estado no puede ni debe ceder con fines de impunidad criminal.

La primera farsa en materia de seguridad la produjo AMLO con su política de “abrazos, no balazos” y la desarticulación de importantes instancias de seguridad nacional. La segunda farsa continuó con Claudia Sheinbaum, que decidió no mover un milímetro las políticas de seguridad de su antecesor. En ambos casos, se subraya la sociedad cómplice de Morena y sus gobiernos con diversos cárteles y agrupaciones criminales, que ha valido el firme reclamo del gobierno norteamericano ante el control territorial de los cárteles en México. La tercera farsa es ese bufón disfrazado de galán de cine llamado Omar García Harfuch. Basta recordar que, en el pasado, dicho personaje no aprobó los mecanismos de medición y control de confianza que se aplicaba a los servidores públicos dedicados a temas de la seguridad nacional. Este señor hoy está más dedicado a cuidar su figura de gimnasio, a cuidar su imagen pública.

Estos tres farsantes (AMLO, Sheinbaum y García Harfuch) se atreven a capitular ante las amenazas de los criminales, no sólo por incapacidad, sino también por complicidad. Tres farsantes que tienen a una nación entera en estado de indefensión frente a los sicarios. Un narcogobierno en toda forma.

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