Chetumal, QRoo.- Quintana Roo cumplió 52 años de historia en el Caribe mexicano.
El presidente Luis Echeverría Álvarez, lo decreto como estado libre y soberano el 8 de octubre de 1974, para convertirlo en el estado 32 de México, con siete municipios:
Othón P. Blanco (con cabecera en Chetumal, su capital).
Felipe Carrillo Puerto
José María Morelos
Cozumel
Lázaro Cárdenas
Benito Juárez (con cabecera en Cancún)
Isla Mujeres
Actualmente, el estado cuenta con 11 municipios en total, tras la creación posterior de cuatro más: Solidaridad (1993), Tulum (2008), Bacalar (2011) y Puerto Morelos (2015).
Dejaba atrás el estatus de territorio federal, establecido por Porfirio Díaz, el 24 de noviembre de 1902, bajo el nombre de Andrés Quintana Roo, como frontera militarizada, enclave estratégico de control soberano más que una entidad integrada.
Pero, lejos de convertirse solamente en una frontera militarizada, tuvo un crecimiento demográfico, económico y el auge del desarrollo turístico, gracias a la planeación de Cancún.
Recordemos que Cancún, cabecera del municipio de Benito Juárez, se fundó el 20 de abril de 1970, como proyecto turístico del gobierno federal a través del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur).
El turismo en Quintana Roo representó para México rápidamente un motor estratégico de modernización económica, de captación de divisas y el pivote para transformar la entidad en polo global de desarrollo.
Un polo de desarrollo económico estratégico y con ello, la consolidación territorial de la frontera sur, dejando atrás su condición de territorio federal administrado desde el centro del país.
Quintana Roo, con Cancún como punta de lanza, se formó en la competencia internacional de México, con las grandes cuencas turísticas del Caribe, el Mediterráneo y el Pacífico.
Pero, además, se convirtió en su principal captador de divisas e inversión, se trepó como una de las principales fuentes de ingresos en moneda extranjera y empleo para el país. Tiene en Cozumel el principal muelle de cruceros en el mundo.
No obstante, lo que fue una virtud en sus inicios, a la postre, representaría su debacle, acabando y arrastrado con el medio ambiente, sus tradiciones, costumbres y cultura misma.
Así como se convirtió en un estado próspero, al paso del tiempo pagó factura. En 1993, recién llegado a estas tierras cubriendo las noticias para un medio televisivo nacional, los reportes eran de que Quintana Roo era considerado un trampolín del narcotráfico de Sudamérica hacia Estados Unidos.
Velozmente dejó esa condición para convertirse en un estado de alto consumo, gracias al turismo internacional que lo visitaba, añorando sus hermosas playas caribeñas y su extensa actividad nocturna.
A inicios de los 90, el boom de Cancún trajo a estas tierras paradisiacas al crimen organizado. Ejemplo de ello fue el asesinato en Cancún de Rafael Aguilar Guajardo, uno de los fundadores del Cártel de Juárez, el 12 de abril de 1993.
El crimen abrió la caja de pandora y la desgracia misma para el otrora territorio federal. Hasta la fecha, durante 2025, datos oficiales establecen el registro de 24 mil 494 víctimas de delito por cada 100 mil habitantes.
La descomposición del estado y sus principales polos turísticos, Cancún, Cozumel, Isla Mujeres, Playa del Carmen, Tulum, tuvo un impacto brutal, con caída drástica del turismo, nacional y extranjero, es lo que se vive en la actualidad.
Las ciudades quintanarroenses se convirtieron en el escenario de las luchas por el mercado de las drogas que disputan los cárteles nacionales, y otros delitos del crimen organizado, que incluyen organizaciones internacionales.
Para mejor referencia, Quintana Roo es el único estado que cuenta con dos exgobernadores purgando condenas por delitos de alto impacto, Mario Villanueva y Roberto Borge; eso habla por sí solo.
Para colmo, los proyectos federales insignia, que deberían detonar el desarrollo en la entidad, como el Tren Maya, el Aeropuerto de Tulum, entre otros, no resultaron favorables para los casi 2 millones de habitantes con los que cuenta el estado; agréguele sus visitantes.
No solo eso, fueron, y son, escenarios de la más alta corrupción que ha vivido la historia de México, aquí se graduaron en ello, los Amílcar Olán, los Lopitos, hasta la degradación de la Sedena y la Marina que se prestaron a ello.
Hoy en día, el turismo en Quintana Roo, el principal captador de divisas para nuestro país, se cae; muchos son los intentos por evitarlo, pero solo eso, intentos.
Chetumal dejó de ser en los hechos la capital del estado y ahora es una simple ciudad administrativa; sus poderes de facto fueron trasladados a Cancún, que ostenta el poder económico y político, los secretarios de estado rechazan vivir aquí.
Lo acabamos de ver, el poder político y económico de Quintana Roo lo ostenta un foráneo, Jorge Emilio González Martínez, apoyado desde la Presidencia misma; el ecologista que acabó con la quinta y los mangos.
Para colmo, Estados Unidos ha deportado a estas tierras a seis mil cubanos, sin documentos y algunos con antecedentes penales, casi todos viven en Cancún, en su territorio del centro histórico, denominado la pequeña Habana. Sin contar otro número similar de diferentes nacionalidades.
Muchos de ellos, contratados por el crimen organizado. El estado de Quintana Roo registra en promedio alrededor de 240 a 300 homicidios dolosos al año según las cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP); la realidad es que son cerca de 600, aunque hablen de una drástica caída en homicidios. Secuestros, miles de desaparecidos y desplazados, trata de blancas, narcomenudeo, entre otros delitos, nos ponen en jaque.
Vemos que el turismo cae y en el Caribe internacional, Punta Cana, Republicano Dominicana, Costa Rica, entre otros, compiten seriamente, sin dejar de pensar en Cuba, donde los cubanos-americanos preparan millones de dólares para levantarla, apenas acaben con el régimen cubano.
Aun así, con orgullo, festejamos el 52 aniversario de Quintana Roo como estado libre y soberano. Con un gran reto, devolverle su estado a los quintanarroenses, un estado próspero, seguro y boyante; por lo menos como era a finales de los 80, cuando en Chetumal dominaba la zona libre. Los leo.
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