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La sospecha invadiría palacio presidencial

Sospechas palaciegas. Alcanza al gabinete presidencial la siembra de sospechas, expresadas públicamente por Claudia Sheinbaum, para -inicialmente- sugerir colaboracionismo con una potencia extranjera por parte de gobernadores provenientes de un partido de oposición.

Primeros blancos. Los blancos de esa operación palaciega habían sido, en efecto, la gobernadora de Chihuahua -por la presencia de agentes de la CIA en un operativo antinarco en ese estado- y, más recientemente, el gobernador de Querétaro, en supuesta colusión con el embajador de Estados Unidos, por su ruidosa asistencia a ese estado para la colocación de la primera piedra de una academia de policía, en el marco de un programa de cooperación de más una década en materia de seguridad.  

¿Más allá de la cooperación? Pero la sombra de la sospecha cubriría ya al secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch. De acuerdo con un reportaje del Wall Street Jornal del martes, suscrito por el solvente profesional Santiago Pérez, la presidenta fue “inusualmente dura” con el secretario valorado hasta la víspera como más cercano a la gobernante, y como el más eficaz. Ahora ella consideraría que el funcionario además más popular del gobierno estaba yendo más allá de la cooperación con Estados Unidos. ¿Qué hay más allá de la cooperación?

¿Ganó AMLO? En mi análisis de ayer en El Universal, hablé de una nueva fisura en el régimen, entre el personal de nivel medio y alto comprometido con el combate al crimen -con el apoyo estadounidense- y quienes presionan -encabezados por López Obrador- por evitar que la cooperación vaya, precisamente, más allá. En este sentido, la revelación de la ‘fuerza’ de la presidenta con García Harfuch, según el WSJ, sugería que se impuso el expresidente sobre quienes pretenden -o pretendían- llevar la lucha contra los cárteles a sus últimas consecuencias, sí, con la cooperación estadounidense. 

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