Cancún,QRoo .- El domingo 20 de septiembre a las tres de la tarde Rafael Marín Mollinedo y su sobrino Samuel hacían llamadas desde el restaurante Ruth’s Chris Steak House de esta ciudad, para sabotear con marchas el resultado de la encuesta que lo dejó en tercer lugar como coordinador de Morena en Quintana Roo.
No era para menos: la gubernatura del estado para “Rafa” era el último trámite que faltaba a Andrés Manuel López Obrador para mudar su centro de operaciones de la quinta en Palenque al paraíso del Caribe.
Ese domingo, Rafa y su sobrino Samuel Mollinedo, hijo de Nico, el célebre chofer del Tsuru blanco que ganaba más que los presidentes de Brasil, Chile y Perú, daban instrucciones para las marchas que debían realizarse en Chetumal, Cancún, y otra en la Ciudad de México contra “el fraude” de Ariadna Montiel.
Rafa había obtenido 10.4 por ciento de las preferencias, contra 14.4 de la alcaldesa de Cancún y 36 por ciento del ganador, Gino Segura.
Una llamada de la presidencia nacional de Morena lo hizo recapacitar, aunque puso precio a la aceptación de su derrota. Pidió las alcaldías de Othón P. Blanco (Chetumal), Solidaridad (Playa del Carmen), y Benito Juárez (Cancún), para su grupo.
La respuesta fue negativa, e insistió en que le dieran Cancún, una mina de oro por las recaudaciones, prediales, licencias y el efectivo de los puestos informales de los giros negros. La pidió para la senadora Anahí González, muy cercana a él.
-Si la quieres será para ti, no para ella-, le respondieron, palabras más o menos.
Rafael Marín Mollinedo quedó de pensarlo y hasta el viernes aún lo pensaba, con la mirada clavada en el mar desde su departamento en Shark Tower, una de las torres más famosas de Cancún, que es un complejo de lujo de 20 pisos, con campo de gol, tres albercas y una marina.
Se trata de una de las 10 propiedades que Marín Mollinedo tiene en Cancún, aunque sólo manifestó cinco en su declaración patrimonial, como documentó Latinus.
Nada mal para el esforzado vendedor de horchatas en Teapa (Tabasco), que recibió la bendición de la vida cuando su “hermano” Andrés Manuel se encumbró en la política y lo hizo Director General de Aduanas del país en los años frenéticos del huachicol fiscal y el auge de los precursores que llegaban de China para fabricar fentanilo.
Pero la idea era otra. Que su “hermano” abandonara la soledad de la quinta en Palenque, se asiente en Tulum y tome Quintana Roo como su fortaleza para hacer política junto a su familia -parte de ella vive aquí-, con todas las comodidades que sus servicios a la patria le hacían merecedor.
Él le encargó a la Secretaría de la Defensa hacer un aeropuerto de 19 mil 200 millones de pesos en Tulum, donde hay hangares para vuelos privados de los que nadie se entera, porque la aviación comercial está en retirada por la baja ocupación.
De las tres aerolíneas que AMLO invitó a Tulum, Aeroméxico suspendió sus operaciones hace un par de semanas, Volaris anunció que cancela la ruta a partir del 7 de enero del próximo año. Sólo queda Mexicana de Aviación, la aerolínea que AMLO le regaló a la Secretaría de la Defensa y que tiene un déficit operativo de mil millones de pesos al año.
Lo que sigue llegando a Tulum con cierta regularidad es un helicóptero y un misterioso King Air bimotor, procedentes de Palenque, Chiapas.
“Todos saben que ahí viene el señor”, nos dijo personal del aeropuerto, al que, por cierto, ya hay que cambiar el sistema de cámaras pues las que pusieron no sirven: fueron hackeadas con facilidad porque la alimentación viene de wifi y no de fibra.
Fracasó el desembarco de AMLO en Quintana Roo, como estaba planeado con Rafa Marín Mollinedo en el gobierno estatal.
Pero habrá premio de consolación para Rafa, y será nada menos que Cancún, si es que se le quita el enojo y acepta el ofrecimiento de Ariadna Montiel.
Y ya se va a cambiar el sistema de cámaras en el aeropuerto de Tulum, para que “el señor” pueda bajar sin problemas ni ser visto por las cámaras indiscretas que le han indigestado las tardes a sus afortunados parientes y amigos que dan la batalla contra la corrupción, el nepotismo y la pobreza.
Recomendar Nota
