Más le vale a la oposición irse preparando para las impugnaciones por “intervención” extranjera, ahí donde alcancen el triunfo.
Lo dijo la presidenta Sheinbaum: “La derecha internacional sí quiere intervenir en México”. Están avisados.
Sostiene la titular del Ejecutivo que en el gobierno de Estados Unidos hay grupos que quieren el cambio político en México, de los que deslinda, por supuesto, a Donald Trump.
Como no hay un marco adecuado para calibrar el alcance de la denuncia, todos son sospechosos.
Es dudoso que en la Casa Blanca quieran un relevo, porque con los que gobiernan desde 2018 se entienden muy bien, con la excepción del tema de la seguridad y de la impunidad de funcionarios implicados con los cárteles.
¿Cuál es la derecha internacional que operaría en nuestro país? No se sabe, en buena medida porque no hay una alineación semejante y porque el espectro político que puede entrar en ese apartado es bastante amplio.
Pero la teoría de la conjura sí se tiene que tomar en cuenta, porque la van a utilizar. La causal de la nulidad por intromisiones del extranjero se incluyó en la Constitución para ser utilizada y no solo como adorno retórico.
El artículo 41 señala:
“La ley establecerá un sistema de nulidades de las elecciones federales o locales por violaciones graves, dolosas y determinantes en los casos en que:
(…)
d) Se acrediten actos de intervención o injerencia extranjera que influyan en los resultados electorales”.
Conviene tener presente que no hay una ley reglamentaria y que la interpretación de esos actos quedará, en última instancia, a criterio del TEPJF.
Lo grave es que no van a necesitar de muchas pruebas, sino de la percepción que ya están construyendo.
Para la 4T todos los partidos opositores son de derecha y, por ello, susceptibles de ser blanco de la nueva causal de nulidad.
Por ejemplo, en Sinaloa van a señalar que “la pequeña oficina de Nueva York” (en realidad una corte de justicia) que exige detener a Rubén Rocha Moya, está distorsionando la voluntad ciudadana y eso es intervencionista.
Los reportajes de medios de comunicación como The Washington Post o de The New York Times también pueden entrar en el conglomerado de la derecha internacional cuando se ocupan de temas como la producción del fentanilo o el control territorial del crimen organizado.
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