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Demasiados delitos para una cortina de humo

A Epigmenio se le pasó la mano con el maquillaje y a López Obrador se le fue la lengua como si tuviera la cola corta.

Con excepción de La Jornada, ningún medio hizo eco entusiasta de su aparición en YouTube, salvo para hacer mofa de su cinismo (“Ya no roben”) o exhibir su arrogancia (“No quise ser jefe máximo”).

Vimos a un López Obrador debilitado, que en una hora veinte minutos desplegó viejos y nuevos resentimientos, en un infructuoso esfuerzo por cubrir con humo los crímenes y los escándalos de corrupción en su gobierno y en su familia.

Debió tener un rating alto, porque muchos pensamos que daría respuesta a la acusación de mexicanos y autoridades estadounidenses de haber entregado poder político y control territorial al crimen organizado.

Ni una palabra de los crímenes en los altos mandos de la Armada, luego de que su secretario de Marina oyera las denuncias de millones de barriles de combustible introducidos ilegalmente al país por sus sobrinos.

Nada de la súbita fortuna de Andy, hecha al amparo del poder suyo. Ni de la búsqueda que hacen agencias de Estados Unidos de posibles vínculos de su hijo con el crimen organizado

Cero menciones a los miles de millones de pesos en contratos de su gobierno al señalado como prestanombres de sus hijos, Amílcar Olán.

Guardó silencio sobre las robustas acusaciones contra sus dos “hermanos”, Adán Augusto López y Rubén Rocha Moya, y sus nexos con el Cártel de la Barredora y el Cártel de Sinaloa.

Las más altas autoridades de Baja California son corruptas al servicio de Los Rusos -aliado del Cártel de Sinaloa-, que introduce fentanilo a Estados Unidos, según reporte del Departamento del Tesoro.

InSight Crime, citada el miércoles aquí por Julián Andrade, señala que el director de Seguridad Pública de Mexicali le entregaba 150 mil dólares mensuales al entonces esposo de la gobernadora morenista María del Pilar Ávila, para facilitar el trasiego de drogas.

Ni una palabra de la solicitud de extradición del gobernador Rocha Moya, por parte del gobierno de Estados Unidos, por su involucramiento con el Cártel de Sinaloa, junto con otros nueve funcionarios del gobierno de ese estado.

Ahora comienza a conocerse, por trabajo de la Secretaría de Seguridad Federal, que el gobierno de Salomón Jara en Oaxaca está penetrado por el Cártel Jalisco Nueva Generación.

Toda esa estela de crímenes, saqueo, negocios turbios, enriquecimiento familiar, entrega de territorio mexicano a cárteles y simbiosis entre poder político y crimen organizado, tiene un responsable.

El responsable no es otro que el santurrón maquillado que vimos en Youtube, que en la mecedora de su casa parecía que jamás había matado una mosca.

Sus palabras fueron para distraer la atención del cerco que se estrecha en torno a parte de su familia y sobre su aparente honorabilidad.

Mintió como siempre, pero esta vez sin la eficacia de cuando tenía a casi todos los medios a su servicio.

Sorprendió la exhibición de un nuevo rencor. Siempre se pensó que su odio hacia Vicente Fox era por el fallido proceso de desafuero en su contra. Y no fue así.

La noche del miércoles contó una historia fantástica, dando crédito y agregando de su cosecha lo que escribió Francisco Labastida sobre la elección de 2000, la de la alternancia.

Dijo que Ernesto Zedillo no le dio dinero a la campaña de Labastida, a fin de que ganara el panista Fox. Y el Pemexgate, entonces, ¿qué fue?

Y que Zedillo hablaba a los gobernadores para boicotear a Labastida y apoyar a Fox, porque había hecho un pacto con Clinton.

 En otras palabras, enlodó el triunfo del guanajuatense porque quiere ser él, y no Fox, el recordado como el primer presidente legítimo de la alternancia en México.

Contra sus delirios de pasar a la historia como un presidente a la altura de Cárdenas y de Juárez, López Obrador será recordado por lo que realmente fue: un aliado de narcos y protector de ladrones.

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