El Ex Amado Líder apareció ayer en un nuevo evento que contrario a la costumbre, ahora no detuvo al país. Dijo (o reiteró) que está retirado de la política después de 50 años de tampoco hacer gran cosa, pero no tanto como para perderse la oportunidad de hablar durante casi una hora de historia política contada a su manera, defender su legado, repartir culpas, elogiar a La Suplente y aprovechando que ya estaba haciendo el infomercial tipo Instagram, vender su nuevo libro.
Porque el retiro tiene sus matices.
Esta vez apareció para presentar "Pueblo". Antes fue "Grandeza". Ya se empieza a sospechar que la jubilación del Ex Amado Líder consiste básicamente en cambiar Palacio Nacional por Palenque y las mañaneras por infomerciales editoriales. La cosa es que no le gusta estar sin reflector.
Debe estar muy cara la vida de retirado. Atender su rancho, perdón, su quinta de un poco más de una hectárea, sin pensión decente ni seguridad, como él se las quitó a los demás expresidentes, y no debe estar fácil.
Quizás podría pedirle prestado a Andy. Todos sabemos el gran empresario que es y lo bien que le ha ido en los negocios.
Pero entre la promoción, la historia patria y el acostumbrado reparto entre buenos y malos, apareció una palabra nueva. Bueno, nueva tampoco. El Ex Amado Líder tiene una extraordinaria afición por ponerle "neo" a las cosas cuando necesita que algo ya viejo parezca más peligroso y actual. Tomando en cuenta que sus adversarios imaginarios siempre fueron los neoliberales, se inspiró como jamás lo había hecho y llegaron los neoporfiristas. Después se les fue encima a los entonces "recién descubiertos" neotecnócratas. Ahora por qué no, llegaron los neofascistas.
Según el Ex Amado Líder, sus adversarios ya ni siquiera son de derecha o ultraderecha. Son neofascistas. Neofachos en lenguaje obradorista.
Qué alivio.
Porque fascista o facho a secas ya sonaba un poco gastado. Después de tantos años de uso, la palabra necesitaba una actualización de marca. Algo más moderno. Más amenazante. Más de catálogo ideológico. Más para el insulto de cajón. Más para los guiones que salen de la que ya no es su oficina.
Y es que la acusación aparece mientras el movimiento que fundó descubre nuevas maneras de decidir quién puede competir y bajo qué condiciones. La mayoría oficialista acaba de aprobar en la Cámara de Diputados una reforma que obliga a quienes tengan otra nacionalidad a renunciar a ella si quieren aspirar a la Presidencia, una gubernatura o la Jefatura de Gobierno. Un requisito más para la boleta.
Todo en nombre por supuesto de la democracia.
La misma democracia en la que ayer el Ex Amado Líder (o EAL porque ya me pasé de los caracteres permitidos por mi editor) nos recordó que el soberano es el pueblo.
Pero que ahora el pueblo sólo puede elegir entre quienes previamente hayan pasado los filtros que el poder considere convenientes.
Debe ser la neodemocracia.
La misma que funciona con ventanilla, requisitos, letra pequeña, cooperaciones imposibles y funcionarios encargados de decidir quién llega a la boleta, para que después el pueblo pueda sentirse soberano con toda libertad. Pero sólo la libertad que el neopartido imponga.
También resulta curiosa la puntualidad de sus apariciones. El EAL asegura que no quiere ser cacique, caudillo ni poder detrás del trono. Está jubilado. Retiradísimo. Pero de vez en cuando se le ocurre algo y desde Palenque vuelve a encenderse el reflector. Aunque esta vez, ni quien viera su luz.
Ahora el Heredero está nuevamente bajo señalamientos públicos. El Entenado, amigo de sus hijos y personaje recurrente en investigaciones periodísticas, acaba de ser localizado en Suiza. El Partido entra en tiempos de definiciones y acomodos. Avanzar hacia un neomorenato o morir.
Y apareció el neojubilado.
Naturalmente, sólo para hablar de su neolibro.
No habló del Heredero ni del Entenado. Para eso sí funcionó perfectamente el retiro.
Habló de sus adversarios, de los medios, de los conservadores, de la historia, de la soberanía, del pueblo y desde luego, de los neofascistas. De lo de siempre, vamos. Pero con un neo twist.
Él sigue siendo quien es. Que no lo den por muerto. Neomuerto, en todo caso.
Tal vez el "neo" sea la gran aportación lingüística del obradorato. Sirve para todo. Si algo no gusta, se le agrega y adquiere inmediatamente aspecto de amenaza histórica. Un adversario cualquiera se convierte en neofascista y una crítica, en neoconspiración.
Es un prefijo multiusos. Por ejemplo, muchas de las tribus obradoristas ahora niegan ser morenistas. Entonces ya pueden ser neoobradoristas o neomorenistas y asunto arreglado.
Mientras tanto, desde su retiro, el EAL sigue apareciendo justo cuando el presente amenaza con meterse con su neolegado.
Pero no hay que confundirnos.
No volvió a la política.
Volvió para vender un libro.
Qué neocasualidad.
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