Del conjunto de problemas que confronta la economía nacional, el crecimiento económico es, sin duda, el más destacado. La mayor parte de analistas coinciden en ello. A lo largo de los ocho meses transcurridos, lo que inició como una perspectiva sumamente baja respecto a ese indicador (1.29% del PIB, según especialistas, o 1.2% OCDE), por lo que se refiere al Paquete Económico 2026 (2.3% de crecimiento anual), fue mejorando a partir del segundo trimestre. Después, en el tercero, una situación oscilatoria pero positiva. El gran desafío es si, por primera vez en siete años, el crecimiento promedio anual rebasará el 1% del PIB.
La SHCP, no obstante los datos poco halagüeños durante del primer trimestre de 2026 (crecimiento de 0.35% anualizado), incorporó una visión optimista en los Precriterios de Política Económica, dados a conocer el 1 de abril, y que constituyen la primera fase del proceso que culmina con la aprobación, tanto de la Ley de Ingresos como del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), los cuales constituyen la pieza fundamental del llamado Paquete Económico para el siguiente año fiscal.
En ese documento Hacienda indicaba: “Se llega a esta etapa con fortalezas . . . que permiten una mayor capacidad de respuesta”. El mismo espíritu campeaba al referirse al entorno internacional y sus retos, toda vez que se afirmaba que la economía nacional contaba con “fundamentos sólidos” para responder a dicha situación.
Paradójicamente, esa visión oficialista coincidía parcialmente con posiciones divergentes o críticas que sostienen que la economía del país no crece lo suficiente para atender el conjunto de políticas públicas ya comprometidas, como son, entre otras, los 100 compromisos para la cuarta transformación, el Plan Nacional de Desarrollo y los Programas Sectoriales. En síntesis: un buen número de entidades y programas de la Administración Pública Federal no han tenido un financiamiento suficiente y adecuado, precisamente por el bajo crecimiento del PIB en la economía nacional.
Ya para el primero de abril, el propio Banco de México había situado el crecimiento económico anual en 1.6%, proporción mayor que la anunciada por analistas financieros e instituciones bancarias, tanto en el país como en el extranjero, pero ya distante del objetivo de la SHCP que aún mantenía. Mientras en el primer trimestre se tenía un bajo crecimiento, para el segundo y parte del tercero, esa visión topó con una realidad económica que dio un vuelco positivo. Fueron meses que presentan ya números y proporciones sorprendentes. Ya anualizados, el primer trimestre terminaba con un 0.35% de incremento, el segundo con 1.4% y los meses de julio y agosto con un promedio de 2.6% (INEGI 2026, con datos de IGAE e IOAE; V. Piz, El Financiero, 23 de septiembre). De cualquier modo, pareciera que (como un ‘hechizo’) el muro infranqueable de no pasar del 1% del PIB en crecimiento económico anual, desde 2019, podría conjurarse en este 2026. Esos “meses buenos” provocaron que la SHCP cambiara su posición “resiliente” de los precriterios, en que anunciaba que el Presupuesto de Egresos de la Federación sería menor al aprobado el año anterior. Sólo por lo que corresponde al gasto programable (la porción mayor del PEF), se aseguraba que este pasaría de los siete billones de 2026 a los 6.9 de 2027. Así, el Proyecto del Paquete Económico 2027 sorprendió por el salto dado en el PEF: de los 10.1 billones de 2026 a los 10.6 de 2027. Un aumento de 4.35% que, tal como están las cosas ahora, sería mayor a la inflación. Esto podría permitir que varias dependencias y programas puedan tener, por fin, crecimientos reales, por lo menos respecto al PEF del próximo año ¿Será?
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