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No vivas de mentiras, México

"Nosotros no estamos llamados a salir a las plazas y gritar la verdad, ni a decir en voz alta lo que pensamos. Pero sí estamos llamados a hacer al menos esto: ¡a no participar en la mentira!", Alexander Solzhenitsyn, 12 de febrero de 1974. Día de su arresto.

Alexander Solzhenitsyn fue arrestado por la KGB y expulsado de la URSS. Horas antes había dejado a sus amigos un texto de dos cuartillas que es el manual más poderoso contra cualquier autocracia. Hablaba de renuncia a la humanidad a cambio de limosnas. Conocedor profundo de la represión, sostenía la tesis de que todo régimen autoritario se sostiene sobre una gran mentira filosófica: la idea de que la naturaleza humana es infinitamente moldeable. Que el hombre no nace libre, con dignidad y derechos, que el Estado puede y debe reeducarlo, moldearlo, transformarlo. La Unión Soviética lo intentó con el hombre nuevo soviético. La cuarta transformación lo intenta con la revolución de las conciencias. Es la misma ideología con distinto sombrero. No ven ciudadanos libres que piensan diferente sino personas que deben ser reeducadas con mañaneras, con programas, con dádivas condicionadas, con la nueva escuela mexicana. Quien no se deja moldear y reeducar, es enemigo del pueblo. El sistema no necesita creyentes sino personas dóciles que repitan mentiras. Es ahí es donde hemos perdido derechos sin darnos cuenta. Al repetirlas sin cuestionarlas, sin exigir rendición de cuentas, nos hemos dejado despojar de derechos naturales.

 Las mentiras capitales son las siguientes: la primera, es que el pueblo es uno y una sola persona lo encarna. Nuestra Constitución, en sus artículos 39 y 40, dice exactamente lo contrario: la soberanía reside esencial y originariamente en el pueblo, en plural. Y que ese pueblo decidió constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal. No en una autocracia. Si aceptamos la mentira de que sólo los que aplauden son el pueblo, le quitamos el derecho a existir a la otra mitad de México. Se niega el pluralismo y el derecho a disentir y a seguir siendo mexicanos. La segunda, es que los derechos son dádivas que el Estado regala. Es la mentira más peligrosa. La reforma constitucional de 2011 en materia de derechos humanos no es una concesión del Estado sino una conquista democrática. El Estado no existe para dártelos, sino para respetarlos, protegerlos y garantizarlos. La 4T invirtió esa conquista. Convirtió los derechos en graciosas concesiones, en limosnas.  La tercera, la que sostiene a las otras dos, es que solo existe la verdad oficial. Solzhenitsyn decía: la violencia no puede sostenerse sin la mentira. Necesita mentir todo el día para justificarse. Cada vez que repetimos lo que no creemos, nos quebramos un poco por dentro y nos volvemos más sumisos. 

Solzhenitsyn no llamó a tomar el Kremlin. Llamó a algo infinitamente más difícil y poderoso: a dejar de participar. Su propuesta para México sería la misma. El voto es personal, íntimo, innegociable. No diré lo que no pienso para quedar bien. No firmaré ni repetiré lo que sé que es falso. No aplaudiré en público lo que considero dañino para mi país. No votaré por miedo ni por una dádiva. Si somos cientos de miles los que tomamos esa pequeña decisión diaria de no vivir en la mentira, la ideología de la 4T se derrumba. Porque su proyecto entero depende de una sola premisa: que el mexicano es moldeable. Un hombre que decide dejar de ser moldeable es un hombre libre y éste es el principio del fin de toda autocracia. ¡Jamás apoyar las mentiras a sabiendas!

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