Mentira y verdad. Duelo de razones. Torneo de mentiras. Acusaciones mutuas. “Vamos muy bien” vs. “El país se deshace en nuestras manos”. “Vivimos en el país más democrático del mundo” vs. “Padecemos un régimen autoritario”. “Han descendido notablemente los homicidios” vs. “Los cárteles controlan vastas zonas del territorio mexicano”. “Morena gobierna con el pueblo” vs. “Morena gobierna con el narco”. ¿A quién creerle?
Las más de 100 mil mentiras de López Obrador en sus conferencias hicieron un daño gigantesco al país. Devaluó la palabra presidencial. Rebajó el discurso político. No se trata de un fenómeno exclusivamente mexicano, la infección de las noticas falsas carcome las discusiones públicas en muchos países. Las fake news son cada vez más sofisticadas. Circulan viralmente en las redes sociales fotografías y videos en los que cada vez es más difícil discernir si se trata de materiales verdaderos o falsos. No sólo imágenes. La inteligencia artificial juega y jugará un papel muy importante en las campañas políticas, en su diseño y promoción.
Luisa María Alcalde mostró en la mañanera de Sheinbaum unas gráficas y varias listas de lo que ella llamó “un ecosistema digital de amplificación artificial en redes sociales”. Un sistema para viralizar noticias en las redes. Omitió mencionar que el gobierno impulsa, desde el sexenio anterior, un ecosistema muy extendido con influencers conocidos y con granjas de bots que multiplican los mensajes del gobierno y atacan masivamente a sus críticos. Un sistema que coordina Jesús Ramírez desde la Presidencia. Julio Scherer mostró en un libro, con documentos, la fuente multimillonaria de esa red de propaganda.
Ambos, gobierno y opositores, niegan que existan tales “ecosistemas”, pero basta asomarse a las redes para observarlos actuar a propósito de cualquier tema, a favor o en contra del gobierno.
Existe una diferencia fundamental en estos dos ejercicios de información y desinformación. El que supuestamente operan los opositores funciona con fondos privados y no está prohibido. El “ecosistema digital de amplificación” a cargo del gobierno se paga con dinero público y está prohibido. Es una diferencia sustancial que el gobierno finge que no entiende. Por ello el cinismo con el que sale a criticar lo que ellos mismos hacen.
A pesar de los amplísimos recursos que el gobierno morenista tiene a la mano, la discusión pública la dominan los medios independientes y privados. Por eso el gobierno ha recurrido al apoyo externo. Pablo Iglesias, fracasado político español, está en México a la cabeza de Canal Red, como apoyo a las políticas de Morena. Asimismo, circulan por la Ciudad de México vehículos del gobierno que difunden propaganda de RT (Russia Today), canal de desinformación del gobierno terrorista ruso, también en apoyo de la cuatro té.
Arrancó ya el proceso electoral de 2027. Morena utilizará, azuzado por un ejército de servidores de la nación, los programas sociales como instrumentos de presión electoral; controla el INE y el Tribunal Electoral; aprobó una ley mediante la cual puede anular una elección si a juicio del gobierno hay “influencia extranjera”. No hay duda de que pondrá a funcionar a su máxima capacidad los instrumentos de la mentira y la propaganda, desde los más básicos hasta los más sofisticados.
Nulificar (o por lo menos poner en evidencia) la maquinaria de propaganda y fake news del gobierno debe ser una tarea prioritaria de la sociedad civil y de los partidos opositores. Quiénes son los operadores. Cuántos son. Cómo y dónde operan. Cómo se financian.
La guerra sucia informativa de parte del gobierno ya comenzó. Desactivar este soporte básico del oficialismo debe ser uno de los objetivos prioritarios de los próximos meses.
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