Ay de aquel que se mantenga pasivo en esta hora de definiciones. Ay de aquel que dé la espalda a los asuntos públicos que aquejan al país. “No podemos renegar de la política –escribió Octavio Paz en El ogro filantrópico–, sería peor que escupir contra el cielo: escupir contra nosotros mismos”.
En la última elección de diputados, Morena obtuvo 54% de los votos emitidos, pero el Tribunal Electoral le otorgó 74% de las curules, y no hicimos nada para impedirlo. Para elegir a los nuevos jueces previstos por la reforma judicial, Morena utilizó acordeones para inducir el voto a favor de candidatos sumisos para su causa, pervirtiendo la elección, y no nos movilizamos para frenarlo.
Morena ha ido desmontando la estructura de nuestra democracia y de la República gracias, en parte, a la pasividad de los ciudadanos. Para Aristóteles, según George Steiner, “el idiotés es una persona que se queda en su casa y deja que gobiernen los bandidos… el idiotés es el que quiere mantenerse en su vida privada”.
Recientemente, Augusto Elías, uno de los publicistas más talentosos y reconocidos de México, un hombre de 100 años, reclamó en una carta dirigida al Consejo Coordinador Empresarial “el prolongado silencio” de los empresarios frente a “la deliberada, sistemática y anticonstitucional destrucción de nuestras instituciones democráticas”. A pesar de ocupar un sitio prominente en la sociedad mexicana, ya que de ellos depende la fuerza productiva del país, la mayoría de los empresarios ha guardado un ominoso silencio. “Cabe decir –escribe Augusto Elías- que se trata de un silencio que todos escuchan. Un silencio estruendoso”.
Es indignante que la presidenta se niegue a recibir a las madres buscadoras. Sheinbaum ha dicho que sí se ha reunido con algunas. ¿Cuándo lo hizo, con quién se reunió? Si ocurrió, lo hizo a escondidas, como decía López Obrador, “para no manchar su investidura”. Se asume que fue en secreto porque para la presidenta es un hecho vergonzoso que debe mantener oculto. También resulta sorprendente que otros actores sociales no hayan sostenido hasta la fecha un encuentro abierto con las madres que buscan a sus parientes desaparecidos. Me refiero a los empresarios o los intelectuales.
En Argentina, al comienzo de la dictadura, Jorge Luis Borges aceptó reunirse con la junta militar y tuvo palabras de elogio para los golpistas. Poco después Argentina se vio envuelta en una espiral de inaudita violencia: asesinatos, torturas, desapariciones. Se formó un grupo, el de las Madres de la Plaza de Mayo, que poco a poco, a pesar de las presiones de la dictadura, fue creciendo en reconocimiento local e internacional. Un grupo de esas madres se reunió entonces con Borges. Le explicaron lo que sucedía en el país. Desde ese momento la actitud de Borges cambió radicalmente. No perdió ninguna oportunidad para manifestarse contra la dictadura. “El gobierno –escribió en una carta abierta publicada en el Clarín– debe buscar la justicia con vigor porque si no se juzga y condena un crimen, se convierte en su cómplice”. Estuvo presente en la audiencia en la que se juzgó a Videla. Luego de eso se marchó para siempre de Argentina.
El testimonio de las Madres de Mayo cambió la actitud del más grande escritor de nuestro tiempo. ¿No podría ocurrir lo mismo con los empresarios, con los intelectuales, con los medios de comunicación? Las madres buscadoras son un símbolo de la resistencia contra un sistema cómplice del crimen organizado.
¿Qué escándalo de corrupción necesitamos para atrevernos a enfrentar este poder engreído, para romper con esta sumisión necia, para librarnos de la porquería que estamos soportando?
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