La encuesta de El Financiero correspondiente a agosto indica que sólo 14 por ciento de la población aprueba a la presidenta Sheinbaum en su combate a la corrupción.
Inevitable: a medida que se destapa la descomunal corrupción en torno a López Obrador, la población comienza a percibir las dimensiones del engaño.
Sheinbaum paga la falsedad de AMLO y la seguirá pagando.
No lo toca porque de hacerlo se le derrumba el partido.
El arma más poderosa de López Obrador y de Morena, que lo llevó a ganar la Presidencia en 2018, fue su compromiso de acabar con la corrupción en el gobierno.
Su bandera está hecha girones, manchada y en el piso.
Ana Laura Magaloni, jurista y académica, ha insistido en que el dilema de la presidenta es conservar la unidad de Morena, pero el precio de la unidad es la impunidad.
Unidad o impunidad, es la disyuntiva presidencial, afirma. Y Sheinbaum ha optado por la impunidad.
Por eso la vemos defendiendo a Andy López Beltrán, a Rocha Moya, a Adán Augusto López, a Marina del Pilar Ávila y otros gobernadores y funcionarios que llegaron a hacer negocios, cada cual más escandaloso que otro.
La derrota moral de Morena se expresa en el porcentaje de la población que aprueba el “combate a la corrupción” de la presidenta Sheinbaum Pardo: 14.
¿Se habrá dado cuenta que ella cargará el fardo de la corrupción sobre sus espaldas?
Conserva el respaldo mayoritario por los programas sociales y porque no se ha caído la economía. Pero esos dos puntales tienen una caducidad muy próxima.
AMLO puso los programas sociales y así será recordado. Sheinbaum, en cambio, pagará por el encubrimiento y por el daño que sigue después del gasto dispendioso en los caprichos de su antecesor.
La deuda pública (en su medida más amplia) pasó de 10.5 billones de pesos en 2018 a una estimación de 20.4 billones para el cierre de 2026.
No hay ninguna razón para que la tendencia cambie. No funciona la política económica de Morena. Es obvio y no hay sorpresas.
Eso se sabía, o se intuía desde que llegaron al poder porque su fuerte estaba en otro lado: en la honradez.
Gracias a periodistas, medios de comunicación, y a la observancia de Estados Unidos sobre la alianza de gobiernos de Morena con el narcotráfico, la población comienza a ver lo monstruoso de la corrupción y el tamaño de la mentira.
Hace unos días volví a oír que AMLO es “el padre de la mentira”. Con el buscador me brincaron dos referencias de la expresión.
Una, en el Evangelio de Juan, cuando narra el encuentro de Jesús con un grupo de fariseos: “Pues ustedes son hijos de su padre, el diablo. Él ha sido asesino desde el principio y siempre ha odiado la verdad, porque en él no hay verdad. Cuando miente, actúa de acuerdo con su naturaleza porque es mentiroso y el padre de la mentira. Por eso, es natural que no me crean cuando les digo la verdad”.
La otra está en Los Hermanos Karamázov, de Dostoievski, cuando el patriarca, Fiódor Pávlovich, corrupto y bufón, dice ser “el padre de la mentira”.
El final enseña que la descomposición moral, el desprecio por la verdad, la mentira sistemática y el cinismo de Fiódor Karamázov (el padre), y las relaciones perversas entre él y sus hijos, culminan inevitablemente en el parricidio.
Literatura, sí. Pero también política.
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